3 Razones Para No Perderse Marvel´s Jessica Jones


3 Razones Para No Perderse Marvel´s Jessica Jones

Tuvimos acceso a los 7 primeros episodios de Jessica Jones y este es nuestro veredicto: absolutamente recomendable para el público general, y un visionado obligado para sus asiduos lectores. Una serie que acentúa las distancias entre la colaboración Marvel/Netflix -inaugurada con Daredevil- y su universo cinematográfico, no por razones prácticas sino estéticas y de sentido.

Explorando la facción más adulta del imaginario Marvel, construye un mundo cuyos horrores son frecuentemente perpetrados por personas de carne y hueso que dejan poco espacio para heroísmos, mucho menos para el quehacer de los superhéroes, todo a través de personajes vulnerables y desesperanzados más cercanos a nuestra propia fragilidad que a las desventuras de los Avengers. Antes de su estreno en Netflix este viernes y para aquellos que aún no están del todo convencidos, aquí tres razones por las que vale la pena dedicarle una maratón:

Krysten Ritten como Jessica es irrefutable.
Krysten Ritten como Jessica es irrefutable.

No es sólo otra serie de superhéroes. Sí, Jessica Jones y algunos otros personajes recurrentes poseen habilidades superhumanas, y sí, hubo un tiempo en que Jessica contempló la posibilidad de poner sus poderes al servicio del bien para, en sus propias palabras, ayudar a la gente y marcar la diferencia. Pero ¿es éste un deseo salido de una moral bondadosa y desinteresada o hay algo de vanidad de por medio? ¿es posible tener una sin la otra? Tensión aprovecha de explotar su captor y victimario, Kilgrave (David Tennant, en una interpretación absolutamente ajena a la calidez del décimo Doctor) que regresa para atormentarla luego de haberla, a literalmente, vaciado de sí misma.

La primera decisión afortunada es comenzar el relato tiempo después del ataque de Kilgrave, con Jessica intentando sobrellevar el trauma del abuso, trabajando como investigadora privada, una ocupación solitaria que le permite practicar el desapego. Pero de a poco la serie nos va revelando los vínculos de su protagonista, sus relaciones con Trish (Rachael Taylor), Luke (Mike Colter) de quien veremos más en su propia serie, y Malcolm (Eka Darville) y la razón por la que insiste en mantenerlos a raya. Y a medida que entendemos un poco más sobre sus precauciones también nos acercamos más a la herida que dejó Kilgrave, quien se nos va desocultando muy de a poco, y a pesar que siempre está presente, sólo llegamos a ver su rostro cerca de la mitad de la temporada. Con esto la serie decide enfocarse en lo que ocurre dentro de sus protagonistas, y del mismo modo en que Kilgrave no necesita un exótico tono de piel para aparecer como absolutamente aterrador, la fortaleza de Jessica no recae en su súper fuerza.

Dan ganas de seguir viendo a Mike Colter como Luke Cage.
Dan ganas de seguir viendo a Mike Colter como Luke Cage.

En cambio, para retratar el nivel de daño que aún padece no sólo la vemos intentar sobrellevar los episodios propios de cualquier persona con síndrome post traumático, sino también aparece la figura de la puerta principal de su oficina/departamento como metáfora de su estado anímico. La puerta resultó rota después de un pequeño “incidente”, y a pesar de que varios de sus cercanos le insisten en que la repare: porque es inseguro, porque es decadente, porque es malo para la visibilidad negocio, etc. Jessica dilata innecesariamente el arreglo. ¿Por qué? Porque todo lo relativo al autocuidado le parece irrisorio pero sobretodo, porque después de estar bajo el poder de Kilgrave -ese que lo convierte en una criatura de influencia prácticamente omnipresente-, su sentido de privacidad fue pulverizado haciéndola sentir completamente vulnerable; una puerta que no se cierra del todo opera aquí como la metáfora de saberse absolutamente indefensa frente al magnetismo de este hombre, y de saber también que esa vulnerabilidad es lo más aterrador que jamás ha tenido que enfrentar, luego de Kilgrave, todos las amenazas parecen superficiales.

Lo que está en juego aquí, de momento, no es salvar al mundo sino sobreponerse al trauma. No es una serie de superhéroes no sólo porque no llegamos a ver (aún, porque promesas se han hecho) a “Jewel”, sino porque para las víctimas de deshumanización como Jessica, para quienes han sido arrebatados de toda dignidad humana, el heroísmo no es una posibilidad, primero está la sobrevivencia.

Kilgrave nunca se fue del todo.
Kilgrave nunca se fue del todo.

El Terror es cotidiano. Gracias a la densidad que le imprime el conflicto de Jessica post Kilgrave, la serie posee un tono mucho más cercano al horror que a la acción (más cerca de Hannibal que de Daredevil). Su super habilidad es útil cuando la requiere pero no es el foco de la temporada, el viaje de Jessica no es el de aprender a control sus habilidades, como Luke, sino reapropiarse de sí misma, perdonarse y permitirse volver a existir.

En este sentido la serie opta por una estética similar al cine negro, con la ocasional voz en off de la propia Jessica, enfatizando la vida nocturna y lo que ocurre entre sombras, lazo que mantiene con Daredevil. En cierto sentido, al adentrarnos en lo que ocurre en Hell´s Kitchen y particularmente en mundo de Marvel´s Jessica Jones es similar a aquella emblemática secuencia inicial de Blue Velvet, ese acercamiento a lo que ocurre debajo de la superficie, los insectos alimentándose de algún cadáver, el salvajismo de una vida que aunque poco placentera de ver, está allí, es inmanente. Estamos en presencia de lo que ocurre abajo, en la vida de aquellos menos afortunados, aquellos que habitan los edificios en ruinas post “Incidente” y para quienes el mundo ya era devastador aún antes de la intervención de los Avengers, aquellos que ya estaban intentando sobrevivir de carroña.

Hay cosas que la fuerza no puede solucionar.
Hay cosas que la fuerza no puede solucionar.

Una bestialidad representada en las patéticas existencias de los propios vecinos de Jessica, y en ella misma: alcohólicos, drogadictos, codependientes, neuróticos. Un mundo en que el súper villano no es responsable de todo el sufrimiento, comparte la gloria con madres maltratadoras y los abogados sin escrúpulos. Porque sí, Kilgrave suele utilizarlos a algunos como peones de ajedrez, pero también es lo suficientemente inteligente como para influenciar a otros, corromperlos o mejor, despertar en ellos aspectos corruptos que se encontraban latentes.

No necesitamos asesinos de otras dimensiones ni alienígenas porque nuestra propia cotidianidad está superpoblada de monstruos. El terror que infunde Kilgrave no es por su impronta en el mundo sino por lo que deja cuando termina de usar tu cuerpo, porque nos hace partícipes de aquello de lo que más se cuida la moral (Kant, incluido): la instrumentalización. Un gesto del que todos hemos sido partícipes alguna vez y que para Jessica representa lo peor de sí misma, en especial cuando debe recurrir a ello para combatirlo.

Jeryn (Carrie-Anne Moss) una aliada con reservas.
Jeryn (Carrie-Anne Moss) una aliada con reservas.

Trata con acertada sutileza el abuso y la violencia sexual. En medio de debates sobre la pertinencia de la violencia explícita, especialmente las violaciones, que suelen naufragar en la ambivalencia moral y la tozudez. Jessica Jones hace lo propio por sugerirla -no invisibilizarla- y hacerla aparecer en toda su brutalidad, sin la necesidad de arrebatar la dignidad a sus víctimas en pantalla, mostrándonos sus consecuencias.

Cuidando dentro de lo posible el no sucumbir a los spoilers, existe una escena brillante en la que una chica atrapada por las limitaciones sociales, se somete “voluntariamente” a una brutal tortura. Un conmovedor ejemplo del nivel de violencia física que una mujer debe estar dispuesta a soportar sólo para ejercer algo de soberanía sobre su propio cuerpo. Un gesto a través del cual se nos permite aprehender con total radicalidad su sufrimiento. Siendo este otro de los rasgos característicos de esta primera temporada: se trata de un mundo rico en personajes femeninos que no están obligados a dignificar al género sino que lo representan con plena honestidad en sus diferentes matices: un universo lleno de mujeres que se sienten amenazadas, mujeres que viven su sexualidad sin culpa, mujeres que se defienden y sobreponen al abuso pero también, mujeres que pisotean y violentan, trayendo a colación un tema extenso y problemático: el maltrato también se ejerce dentro de nuestro propio género.

Trish (Rachael Taylor) es su principal aliada, también víctima del abuso.
Trish (Rachael Taylor) es su principal aliada, también víctima del abuso.

Jessica Jones no es una serie militante de las reivindicación femeninas pero sí consciente de la carga del género. Lo que nos permite disfrutar de la diversidad de sus personajes sin tener que luchar contra la propaganda ni esquivar la autoindulgencia, celebrándola por lo que es: una serie intensa y aterradora, que expande las ramificaciones del imaginario de superhéroes en las producciones audiovisuales, esta vez hacia el thriller detectivesco y el drama psicológico, retratando varios de nuestros vicios más despreciables. La historia de un(a) héroe(ina) que no sólo debe sobreponerse a la derrota, sino al derrotismo, que prueba ser bastante más difícil de superar.

Una de las series más emocionalmente exigentes del año, y ciertamente de la parrilla original de Netflix. Un acierto entre las de su tipo, que corrobora la pertinencia de las adaptaciones que están por venir, y que aunque se aleja del ritmo asociado al suspenso, y esquiva las elaboradas secuencias de lucha que han hecho famosas a sus producciones hermanas, tiene efectos tan o más devastadores para aquellos dispuestos a dejar la puerta abierta.