3 Lecciones para Aprender de la Nueva Temporada de South Park

En tiempos en que las convicciones se defienden comentando estados de facebook y el apoyo se brinda participando activamente de algún hashtag, South Park ha logrado durante su más reciente temporada, apuntar con envidiable certeza varias de las grietas presentes en nuestra loable fachada democrática e inclusiva. Con 6 capítulos impecables, la transformación de su comunidad hacia los bienaventurados caminos de lo políticamente correcto les ha permitido tocar temas que van desde la violencia simbólica que aqueja la visibilidad de las minorías, hasta la agresiva expansión de los fanarts como apropiación de las ficciones, pasando por el hedonismo disfrazado de solidaridad y la profunda repulsión que nos provoca la densidad óntica del mundo material.

Ahora, como hija de la educación superior laica, profesional de las artes liberales y activa militante de internet y sus vicios, me ha sido imposible evadir la culpa en varias de las críticas formuladas aquí. Con esta pequeña lista de las ideas que me parecen más relevantes, extiendo la invitación para ud, que también forma parte de esta masa virtual e indeterminada acepte el desafío de admitir las culpas y reírse de sí mismos.

Alguien necesita que le chequeen sus privilegios?
Alguien necesita que le chequeen sus privilegios?

1. PC Principal: La delgada línea que separa la tolerancia del fascismo.

El primer llamado de atención sobre las anticuadas costumbres de South Park viene de la intransigente mano de su nuevo director de colegio PC Principal, quien aparece como la exacerbación del ideal postmoderno: un activo soldado de lo políticamente correcto dispuesto a contrarrestar con puñetazos y derivados los abusos simbólicos sistemáticos que sufren las minorías, un guardián de las buenas costumbres que en cierto sentido representa el cómo la velocidad con que esta nueva ética tolerante e igualitaria golpea a aquellos con ideas más conservadoras, con una violencia tal, que no les permite comprehender su sentido y opera más como una obligación que como verdadera persuasión.

En nuestro intento por abolir todas esas actitudes totalitarias repudiables que nos condujeron a horrores inimaginables y nos obligaron a replantear los confines de nuestra propia humanidad, la lucha por flexibilizar las normas y otorgar espacios a aquellos grupos históricamente invisibilizados es uno de los estandartes de los que más nos enorgullecemos hoy. Pero tanto las razones estructurales que perpetúan la opresión, como las sutilezas de la violencia simbólicas son cuestiones que nos pueden parecer obvias a nosotros, ávidos lectores de Foucault y consumidores de cine arte, pero no pueden no ser tan evidentes para aquellos sin acceso a una educación privilegiada, y por lo tanto con una menor perspectiva histórica y antropológica, o simplemente para aquellos partícipes de modos de habitar menos en comunión con las necesidades globales.

Cuando PC Principal castiga con los puños el intento de chantaje de Cartman o no duda en enviar a sus tropas -cadetes PC en proceso de formación- a “chequear los privilegios de Kyle”, lo que hace es violentar a un grupo vulnerable, castigarlos por no formar parte de esa comunidad ilustrada de la que él proviene, traicionando entonces la base de lo que defiende: tolerancia, respeto e igualdad. Este cinismo, el doble estándar que significa por un lado “defender” los derechos de aquellos menos privilegiados de modo que todos podamos convivir en comunión aprendiendo de nuestras diferencias y por otro, querer aplastar a todo aquel que piense distinto o no esté al día con la moral reinante, descansa en cierto sentido en la sensación de estar siempre en lo que correcto que se alimenta del posicionamiento y exacerbación de la opinión personal al valor de lo verdadero, y que se relaciona directamente con el siguiente punto:

2. Yelp y la Dictadura de la Opinión.

Sí, el ascenso y caída de los totalitarismos puso en problemas la cuestión de la verdad. Y frente al rechazo sistemático de las nociones rígidas adoctrinantes, en favor de la libre expresión y el individualismo, una de las principales dificultades de equilibrar la balanza en la era digital es que, frente a la multiplicidad focal, la proliferación de puntos de vista y modos de vivir, cada uno tiene derecho a tener una opinión. Lo que suena bien en teoría, pero en la práctica implica que dicha opinión opera como verdad para cada uno, y si “la verdad está en nosotros mismos” (premisa digna de un libro de Pilar Sordo), ¿no es nuestra perspectiva del mundo la única y unívoca?.

Cartman-yelp

De cierto modo es como desplazarse del homomensura al Egomensura. Movimiento que ocurre en dos momentos: primero, esa necesidad patológica de opinar -cuestión sobre la que ya nos advertía Joe Pino a través de su popular hit de años atrás-, y la constante reafirmación de la opinión como valor nos permite ser comentaristas de lo que nos rodea. Un tema que South Park ya había explorado en su temporada anterior, en la que Cartman se convierte en youtuber, y que lleva al extremo con el episodio de Yelp. Las plataformas digitales han permitido la proliferación de nuestros “reviews” sobre distintas cosas: moda, cine, gastronomía, el discurso del 21 de Mayo, pero el que tengamos la capacidad de compartir nuestras impresiones con otros consumidores no eleva nuestro punto de vista al de la verdad, y aquí es donde hay que reconocer las propias limitaciones, porque ser fan de las series policiales no me hace experto ni en los procedimientos legislativos ni en el lenguaje televisivo, al menos no inmediatamente. Poseer lenguaje no nos hace participar necesariamente del logos.

Es por eso que la tiranía de las 5 estrellas termina ahogando a los pequeños emprendedores de South Park, y se convierte en una forma más de dominación, la de una clase que solo busca hacer valer sus privilegios en tanto es dueña no de los medios de producción ni de la fuerza de trabajo, sino de la “opinión pública”. Y aquí es donde incide el segundo punto, que en palabras de Lipovetsky sería el proceso de personalización de las sociedades capitalistas posmodernas. Pues para una sociedad que celebra la diversidad reclamando contra la invisibilización de ciertos grupos, una sociedad que parece añorar los otrora valores revolucionarios: Libertad, Igualdad, Fraternidad, es increíble lo fácil que nos resulta eliminar a alguien de nuestras redes, o mofarnos de él porque no le gustan las mismas cosas que a nosotros (les hablo a uds incondicionales adoradores de Nolan, y uds metaleros ofendidos por Justin Bieber y su polera de Metallica), dejando fuera de nuestra plaza pública virtual a una parte importante pero no deseada de la población digitalmente activa: los que no piensan como nosotros.

Problema astutamente ilustrado en South Park en el episodio sobre el “Espacio Seguro” -concepto peligrosamente cercano al de “Espacio Vital”, que opera como respuesta a los alegatos de Yelp luego del estreno de You’re not Yelping.

En un tiempo que nos impulsa a buscar el bienestar personal y la autorealización, a perseguir nuestros sueños y dar la espalda a las rígidas nociones que nuestros padres tenían para nuestro futuro, la mejor respuesta al ciberbullying, el trolleo y el bodyshaming es la autoafirmación del Yo a través de la negación de todo lo demás. Ya no debo temer el juicio inquisidor de ese otro extraño y violento porque puedo hacer desaparecer su existencia de mi TL a través de un simple click. Y aunque nadie puede negar la traumática experiencia que significa surfear por aquellos océanos de oscuridad y maldad que se despliegan con violencia en los comentarios de algún blog o red social, también es cierto que la comodidad de la safezone mutila la desoladora realidad: no todos están de acuerdo con nosotros, ni nos admiran. Pero acallar la realidad no significa que deje de existir, por lo mismo es Cartman, el más abusivo y violento entre sus pares, quien reclama contra el bodyshaming que sus colegas ególatras de Yelp le propinan, cargando el peso de esa realidad para que otro pague. Y la realidad, en su materialidad insoportable, conduce al pobre Butters -cual Alex DeLarge- a un intento de suicidio.

3. #ShamelessAmerica y la Conciencia de Cartón:

Parafraseando a nuestro asesino ilustrado favorito: “La Ética se vuelve Estética” no tanto porque nuestros valores sean desplazados hacia el espacio de las representaciones artísticas, sino porque todo parece resolverse en la superficie de lo aparente. Una idea que ya profetizaba Baudrillard al hablar del cómo las diferencias individuales se van desdibujando dentro de las personalidades que operan como Marca en una sociedad en donde nuestra capacidad de expresión está cruzada por nuestros horizontes de consumo. Así, hago valer quien soy demostrando mis gustos y la “ideología” a la que me adscribo a través de lo que como, y dónde como, lo que visto y cómo lo conseguí, lo que veo/leo/escucho, todos ítems que adquiridos por interacciones comerciales de algún tipo. Tendencia perfectamente representada con al cosntrucción de SodoSopa, el nuevo barrio artístico-cultural de South Park, lleno de talleres de bicicleta y heladerías artesanales que revitalizan un sector antes marginado de la ciudad y los hacen merecedores de su propio Whole Foods, que más que un supermercado es un símbolo de progreso y conciencia social, porque el valor de los objetos no descansa en su utilidad sino en lo que representan, en el estilo de vida que su consumo supone (un Ipad no es sólo un dispositivo tecnológico sino un modo de habitar, una “tendencia”).

Los cambios son vertiginosos.
Los cambios son vertiginosos.

SodoSopa opera como una suerte de confesionario -para usar una figura católica- a través del cual se redimen todos los crímenes de odio de la ciudad. Perdón que viene en la forma de panes caseros y helados de 10 dólares, como si la adopción de la moda y sus prácticas nos colocase en inmediata sincronía con el ethos en que se originó. Y SodoSopa es el ejemplo perfecto del doble estándar que se esconde tras fachada progre: se trata de revitalizar el barrio más pobre levantando costosas construcciones alrededor, invisibilizando una vez más la miseria, con la que sólo empatizamos cuando es fotografiada -de preferencia, análogamente- para nosotros y puesta en nuestras redes sociales. Lo que evidencia un terror mayor que aquel narrado por Baudelaire en su Spleen de Paris, cuando cuenta el desencuentro ideológico de una pareja de novios burgueses que reacciona de maneras distintas al notar la presencia de un padre de familia y sus pequeños hijos mirando con hambre hacia el café donde están sentados, Hoy el panorama es aún más desolador porque aún cuando la pobreza se plante con toda radicalidad frente a nosotros, como la vista privilegiada que tienen los nuevos habitantes de The Villas at Kenny´s House de la violencia doméstica que ocurre tras las cortinas de su living, nos es invisible, porque lo único que nos parece real y digno de reacción es lo que se nos presenta a través de las pantallas de nuestros celulares.

Cuestión cuyo epítome es la campaña #shamelessamerica (debidamente formulada con el correspondiente hashtag) a través de la cual Randy intenta terminar con la abusiva acción punitiva de las cajas de supermercado al obligarte a donar dinero, y como diría Zizek, te obliga a hacerlo voluntariamente, porque lo terrible no es el no donar sino el no querer donar, porque lo segundo significa no participar de esa conciencia progresista que entiende los privilegios del primer mundo e intenta expiar sus culpas en la comodidad de sus barrios a través de aquello que nos ha definido por décadas: el consumo. Pues aunque ocasionalmente algunos entusiastas vayan un paso más allá y realicen voluntariados para construir casas en campamentos o visitar colegios en zonas de riesgo social, la verdad es que hacer cambios estructurales, aquellos que podrían acabar con el abuso material que tiene sumido a miles en la miseria, implica un nivel de compromiso que va más allá de un click y una polera estampada, además de entorpecer nuestras comodidades básicas como cuando no puedo sacar el certificado que necesito, o desvían las micros y el metro no para porque hay marcha.

Alto a la microviolencia de las señoras en la vía pública!
Alto a la microviolencia de las señoras en la vía pública!

Por último, hay varias otras ideas interesantes durante esta temporada: el tema de la inmigración y la persistencia del “miedo al otro”, y del yaoi como motor de cientos de fanarts que han redefinido el modo en cómo los fans se comunican con las obras y con el mundo alrededor. Temas que ameritan un análisis aparte pero que forman parte de una misma vocación, la de llamar la atención sobre cómo una de las series menos “serias” actualmente en emisión, famosa por sus transgresiones burlescas, plantea algunos de los problemas más inmediatos que presenta este lugar misterioso pero adictivo que es internet.