#MesDelTerror Especial Hannibal: Perfil Nro. 4 Will Graham


#MesDelTerror Especial Hannibal: Perfil Nro. 4 Will Graham

Por Geraldy e Iván

“I’ve never known myself as well
as I know myself when I’m with him”.

El beneficio de expandir y profundizar el personaje de Graham (al contrario de sus interpretaciones fílmicas, sin desmerecer a Edward Norton ni William Petersen) es que uno siente realmente el peso de la cruz que carga por su empatía hacia el mindset criminal; por decirlo de forma simplista, en los otros Will Grahams el peligro de perder su sanidad mental no es tan palpable como en la interpretación que realiza Hugh Dancy y que los guionistas explotan a plena cabalidad.

"Do you fantasize about killing me?”
“Do you fantasize about killing me?”

Así como Will afirma que aún no existe nombre para lo que Hannibal es, su condición le es igualmente inaprehensible a la psiquiatría, lo que lo vuelve sorpresivamente popular entre los estudiosos de la mente humana, muy a su pesar. Este Will no es un vaquero ni un baluarte del FBI que entra en último momento para salvar el día: es un hombre profunda (y visiblemente) herido, atormentado, vulnerable, consciente de que la mente y el mundo no son mapas divididos en blancos y negros sino en escalas de grises confusos, donde cada territorio está separado del otro por nada más que una finísima película de constructos sociales y ‘delirios’ de moralidad. Porque el mayor peligro, para él, es convertirse en aquello que tanto lucha por mantener a la distancia: que el péndulo de su diseño barra los últimos vestigios de luz y lo deje sumido en aquella oscuridad que habitan los sujetos que persigue – y es ése peligro inminente el que Hannibal reconoce y explota de inmediato.

"I'm a good fisherman, Jack"
“I’m a good fisherman, Jack”

La adaptación de Fuller prioriza, desde el comienzo, su punto de vista, sumergiéndonos con esa reconocible poesía visual en sus desgarradoras fantasías- las mismas que lo conducen al sonambulismo, mientras lo acompañamos en aquella oscuridad desde la cual, en sus propias palabras, “trae algo de vuelta”. Y junto a él somos igualmente víctimas de la manipulación subliminal de Lecter, empujados más y más a explorar a tientas los confines de una moral arbitraria, a cuestionar los grados de realidad en contextos imposibles, a abrigarnos en la débil probabilidad de que la verdad se nos aparezca. El primer viaje que realiza Will es un sacudimiento de concepciones propias y lo enfrenta a la locura, el segundo es la liberación de ataduras pasadas (la autodeterminación), y el tercero es la toma de consciencia respecto a ese mundo libre -por el que camina Hannibal- en el que sólo respondemos a nosotros mismos. Tres instancias propiciadas por Lecter quien actúa aquí como una suerte de Zaratustra, descendiendo al mundo de los hombres una última vez en busca de un amigo, y huyendo nuevamente a las montañas cuando ese amigo le rompe el corazón.

Durante la primera temporada Will no puede seguir eludiendo la pregunta por la naturaleza del mal y cuál es su grado de incidencia en la nuestra. Asesinar a tiros -en legítima defensa- a Garret Jacob Hobbs desencadena en él una suerte de cruzada óntica: Did you really feel so bad because killing him felt so good? le pregunta Hannibal, a sabiendas que la culpa marca el límite de esa delgada línea que Will teme cruzar, y que ha evitado enfrentar desde el comienzo. Pregunta a la que escapa nuevamente con su intento por rescatar a Abigail de un final escrito de antemano (cortesía de Hobbs), en la creencia que durante la expiación de los pecados de ésta los suyos también serán perdonados.

"When life becomes maddeningly polite... think about me. Think about me, Will, don't worry about me"
“When life becomes maddeningly polite… think about me. Think about me, Will, don’t worry about me”

Pero hacia la segunda temporada, durante su encarcelación y convalecencia, la interrogante es ineludible. Hannibal lo ha arrinconado, empujado al límite de lo indecible sólo para comprobar su capacidad para racionalizarlo. Su pánico responde única y exclusivamente a la duda, y si duda es porque una parte de sí se cree capaz de todos los crímenes que se le imputan al imitador del Chesapeake Ripper, incluyendo la canibalización de Abigail. Y el miedo lo obliga a hurgar en las habitaciones clausuradas de su memory palace, dentro de las cuales hay mucho de Lecter, pero sobretodo, mucho de sí mismo. Razón por lo, luego de un fallido homicidio por encargo, entiende que la prisión es sólo otra de las pruebas puestas por Hannibal que obra imitando a los dioses antiguos, y se concentra en lo que vendrá después.

Will diseña el más ostentoso de los anzuelos para tentar a Hannibal, pero durante su confección se percata que a pesar de todo, su ex terapeuta es el único que siempre lo ha impelido hacia la autorealización, y probablemente el único junto al cual se ha sentido acompañado. Y aunque su sentido del deber sea más fuerte, consecuencia inevitable de su exceso de empatía, tiene el gesto final de advertirle sobre su captura, a través del cual revela que si bien no se siente capaz de vivir la vida que Hannibal ha bosquejado para él, necesita vivir en un mundo en que esa posibilidad esté latente. Cuestión que no puede sino confesar al final, cuando Jack Crawford lo interroga a propósito de su llamada telefónica a Hannibal antes de su aprehensión: “I told him to leave, ‘cause I wanted him to run. (…) Because… Because he was my friend. And because I wanted to run away with him”.

"The teacup that I shattered did come together."
“The teacup that I shattered did come together.”

Hacia la tercera temporada (la más oscura del lote, cuando, en palabras de Alana, ya todos están figurativamente muertos) los hematomas son demasiados, la ‘sanidad’ ha probado ser no sólo imposible sino que superflua. Tomó un par de años y la correcta alineación de circunstancias, pero Hannibal, incapaz de no manipular cualquier ocurrencia para su beneficio y divertimento, aprovecha la aparición del Gran Dragón Rojo para extender su mano y administrar, bajo el disfraz de una advertencia que Alana vio desde el principio era sólo una fragua, el empujón definitivo de Will hacia el abismo. “Can’t live with him, can’t live without him”, sentencia Bedelia antes de que se muevan los engranajes del arriesgado plan para exterminar a Francis Dolarhyde. El propio Will reconoce que ya no guarda esperanza alguna en la idea de su salvación, y es esta resignación la que lo impulsa a tomar la drástica decisión que cierra la serie; quizá, la única posible.