Los 3 Puntos Fuertes del Estreno de Hannibal (3era Temporada)

Hannibal regresó sobrepasando todas nuestras expectativas con una premiere en la que cada escena merece un screenshot y cada diálogo el ser citado, probando una vez más que se trata de una de las mejores series en emisión, y ciertamente, de las más aterradoras. En un esfuerzo sobrehumano por acallar a mi fangirl interior y entregarles la reflexión que merece(n), he condensado en 3 los puntos más importantes del estreno:

Every frame a painting
Every frame a painting

Primero, la ética se vuelve estética. “You no longer have ethicals concerns, Hannibal, you have aesthetic ones” subraya Bedelia (Gillian Anderson), en un diálogo que clarifica la posición de Hannibal (Mads Mikkelsen) frente a su “arte”, pero también, la ambivalencia en la que se basa la serie en sí. Aquí la estética es aesthesis; ese momento en que los sentidos sólo nos notifican de la existencia de un otro en tanto recibimos su estímulo, momento anterior a todo entendimiento, sensibilidad pura gracias a la cuál comprendemos que la connotación que le otorgamos a dichos estímulos, las interpretaciones y los valores asociados a nuestras interpretaciones, son menos espontáneas y más socialmente dirigidas de lo que nos gustaría admitir. “Did you really feel so bad because killing him felt so good?” le pregunta Hannibal a Will Graham (Hugh Dancy) en una de sus primeras sesiones posteriores a la muerte de Hobbs, pidiéndole que confiese un imposible, introduciendo la posibilidad de que la muerte -y el asesinato- nos resulte más placentero y natural de lo que nos gustaría admitir.

IT´S A TRAP!
IT´S A TRAP!

En Antipasto, Hannibal somete a Bedelia a una dicotomía similar. Pidiéndole que defina si observar o participar del feroz crimen que está por presenciar, pretendiendo que existe una salida menos cómplice a su situación. Frente a la decisión de Du Muarier de observar, Hannibal extiende su argumento final sobre cómo la sola anticipación de lo que ocurriría la hace cómplice y protagonista, porque tal cómo se concluyó años atrás en las acaloradas conversaciones sobre el rol de los documentalistas frente a la realidad que intentaban retratar (si intervenir o no, si interactuar o no), no existe tal cosa como el punto cero de la mirada, porque el sólo acto de mirar -en tanto implica interpretación y traducción- es ya una intervención.

Presenciar a alguien asesinar a otra persona es lo que le permitió a Hannibal manipular a Will, Abigail y Bedelia, porque puestos frente a la devastadora realidad de ser asesinos, por muy justificables que sean las razones, lo que le sigue es la racionalización del crimen y la autojustificación. Y del mismo modo, Fuller y el equipo detrás nos ponen constantemente en la posición de analizar nuestras propias sensaciones frente a lo que estamos viendo, extendiéndonos la pregunta implícita de si deberíamos o no sentimos mal, de sentirnos tan bien cuando nos sentamos a verla, qué tanta culpa cargamos en nuestro morbo y no es nuestras propias frustraciones.

Hannibal y Bedelia tienen invitado a comer.
Hannibal y Bedelia tienen invitado a comer.

Segundo, Sólo es Canibalismo si somos iguales. Gran parte del episodio transcurre en flashbacks hacia las situaciones que fueron omitidas durante la temporada anterior; los detalles del encuentro entre Bedelia y Hannibal, y los últimos días en cautiverio de Gideon (Eddie Izzard). En sus conversaciones con Gideon, esto es, en el entretanto en que lo forzaba a comerse a sí mismo (la recreación sarcástica de Hannibal de los uróboros), sin nada más que perder -literalmente- Gideon se atreve a acusarlo de canibalismo, pero la respuesta de Hannibal lo regresa inmediatamente a su lugar: “It’s only cannibalism if we’re equals”, cuestión que se liga varias de sus reflexiones anteriores.

La ausencia de Dios (o su muerte) deja un vacío como principio verificador, cuando la verdad ya no se encuentra en la Biblia se debe recurrir a otros espacios, y Hannibal comprende que ese lugar es ahora de los hombres (y su arte, y su ciencia), confiando estar entre los más idóneos para el cargo. Con una vocación más bien platónica, Hannibal cree estar en una relación privilegiada con la verdad, condición a la que sólo pueden acceder las almas privilegiadas, por lo que además se toma la molestia de reunir discípulos, pero también, explica porque sus crímenes no son insensibles, pues simplemente se ejercen contra los menos privilegiados, los maleducados, o los inconvenientes, como lo prueban sus actitudes hacia otros personajes menos respetables: el Dr. Chilton (Raúl Esparza), Bella (Gina Torres) o el propio Gideon.

Hannibal-therapy

Y tercero, Hannibal se saca su disfraz de humano. “You let them see you”, pregunta Bedelia; “I let them see enough” responde Hannibal, y es justo decir que “Antipasto” es el primer episodio hasta ahora que nos permite ver con propiedad a ese Hannibal que vislumbramos en el pasado “Mizumono”, que dejó a la mitad del cast (y de la audiencia) en riesgo vital. Durante las dos primeras entregas Fuller nos mostró el punto de vista de Will Graham, dándonos acceso tanto a sus fantasías como a sus pesadillas, distrayéndonos en la agotadora tarea de separar su imaginación de la realidad, pero también nos hizo partícipes de su ceguera, y ciertamente vimos a Hannibal contaminados por las interpretaciones y juicios de Will (porque de nuevo, no existe tal cosa como el grado cero de la mirada).

Con “Antipasto” nos acercamos más a la visión de Lecter, escuchando su versión de los hechos. Pero en sus nuevas actitudes temerarias podemos intuir la mordida que dejó Will. Su ilustrativa cátedra sobre el infierno de Dante y los paralelos entre Pietro della vigna y Judas, la autodestrucción y muerte como destinos inevitables de la traición, en parte por la traición que sufrió, en parte por la traición que perpetuó. Cuestión que ya se anunciaba en el final de temporada anterior, cuando un dolido Hannibal le pregunta a un agonizante Will: “Did you believe you could change me the way I’ve changed you?”, a lo que éste responde orgulloso: “I already did”.

Hannibal-3.3

En conclusión, un estreno que mantiene la propuesta estética de temporadas anteriores pero que mueve el punto de vista desde Graham hacia Lecter, anunciando cambios violentos. Con una secuencia final que contrapone a Hannibal con un corazón de origami, anunciando simultáneamente una apertura emocional y -esperemos- la aparición de Murasaki. Aunque también esperaremos con ansias la aparición de Richard Armitage como  el Dragon Rojo.

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