Jurassic World [Review sin Spoilers]

Ha llegado el momento de revisar un nuevo (?) hito en la franquicia Jurassic, esta vez, con una película que tiene más autoconsciencia, más CGI, y sobretodo, MÁS DIENTES. Jurassic World es construída sobre las ruinas de Jurassic Park -literalmente- y, como la mayoría de nosotros, desconoce la existencia de las producciones posteriores a la adaptación original de Spielberg, reimaginando las dificultades de administrar un parque jurásico en un mundo en el que “ya a nadie le impresionan los dinosaurios”.

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Muchas citas Jurassic Park, pero también a otros clásicos como Aliens.

Dos hermanos (Ty Simpkins y Nick Robinson) son enviados a visitar Jurassic World mientras sus padres resuelven los pormenores del divorcio, confiados al cuidado de su muy pragmática y poco acogedora tía (Bryce Dallas Howard) quien está muy ocupada gestionando los últimos detalles de la nueva atracción del parque, un dinosaurios híbrido diseñado para satisfacer el morbo de un público cada vez menos impresionable, con la asesoría del ex militar y actual entrenador de velociraptores, Owen (Chris Pratt). Grupo que eventualmente debe enfrentarse a la ambición institucional personificada por Vincent D’Onofrio (nuestro nuevo villano favorito) y cuyos adultos son redimidos por el coraje ingenuo de niños y dinosaurios. Una premisa llena de nostalgia ochentera, década en la que todavía se creía en la sabiduría bruta de los más jóvenes apoyada en la creencia que las nuevas generaciones corregirían nuestros errores, idea en cierto modo revivida por The Lego Movie.

Dinosaurios siendo dinosaurios.
Dinosaurios siendo dinosaurios.

Y a pesar de sus personajes prototípicos, en varios casos subdesarrollados, y de sus diálogos peligrosamente comercializables, el guión de Amanda Silver y Rick Jaffa intenta torcer su predictibilidad con comentarios sobre la relación de los espectadores y la industria del entretenimiento. Aquí, cuando sus personajes justifican la creación de Indominus Rex (sí, el nombre del nuevo híbrido) dado que los visitantes desean ser constantemente impresionados con criaturas más grandes, más aterradoras, y con más dientes, es también un guiño a nuestro propio deseo por películas más nítidas, con efectos más realistas y en pantallas más grandes. Aquí, “más dientes” se lee también “más pixeles”.

Una de las cosas que mejor hace Jurassic World, a parte de poner a Chris Pratt a entrenar velociraptores adolescentes, es que incorpora una de las principales críticas que enfrenta; la calidad de CGI y lo facilista del recurso. Y en su fluído diálogo con Jurassic Park nos recuerda lo frágil que es nuestra memoria, después de todo, en el presente de la película los artículos del primer parque se han convertido en codiciados objetos de colección, adquiribles por jugosas sumas en eBay, tal y cómo ocurre en nuestro presente con el merchandising original de las viejas franquicias más importantes.

Más dinosaurios...
Más dinosaurios…

Pero más que todo, es una película que celebra y disfruta su condición de blockbuster, ofreciéndonos esa entretención espectacular de antaño. Jurassic World es ante todo una película sobre familias y para familias, un estreno más que idóneo para la temporada de vacaciones.

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