Estreno: Spy, Una Espía Despistada

Melissa McCarthy se ha ganado su lugar en el mundo de la comedia, mismo camino que décadas atrás iniciaran Jennifer Aniston y Courteney Cox, y que hoy ha consagrado a grandes como Amy Poehler y Tina Fey. Con Spy, McCarthy hace gala de su talento tanto en el arte del chiste rápido como en la comedia fìsica, y sumado a su carisma natural resulta imposible no empatizar con la desdichada realidad de Susan, una agente condenada al trabajo de escritorio, a la asesoría telefónica de su compañero Bradley Fine (Jude Law), quien brilla aún más siempre que Susan se mantenga en la sombra. Y si bien no existe mucho más que hacer en el género de espías, ni tampoco en su parodia, lo más interesante del guión de Paul Feig es que sabe hacer coexistir la evidente condición tragicómica de Susan con un crecimiento serio y casi inspirador, derribando de paso más de un mito sobre la feminidad (reivindicación más que justa considerando los muchos estereotipos que sufrimos durante décadas).

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La premisa es más verosímil de lo que nos gustaría, una mujer que egresó de la academia con honores se ve reducida a una suerte de secretaria que administra las opciones y viabilidad de las misiones en terreno de su compañero, pero que además, motivada por el amor que siente por él, ejerce como su asistente freelance y se ocupa de cuestiones domésticas como empacarle pastillas para la alergia y despedir a su jardinero. Pero un repentino accidente la hace sacudirse de la friendzone y ofrecerse como voluntaria para llevar a cabo una de las operaciones más importantes y peligrosas de la agencia.

En resumen, Susan hace todo lo que cualquier agente en terreno hace, pero alejada del glamour de sus colegas más atractivos, además debe sobreponerse a las ridículas identidades que le son asignadas (muchas de las cuales contemplan camisetas de gatos, químicos antiveneno y paralizantes disfrazados de laxante y toallitas para las hemorroides), la terca misoginia de su colega Ford (Jason Statham, que sorprende con uno de los personajes más graciosos y que se ríe de todos los clichés de sus previos trabajos), y de los comentarios pasivo agresivos de su atractiva congénere Rayna (Rose Byrne), pero sobretodo, debe superar las muchas inseguridades que ha incubado durante las 4 décadas de violencia simbólica que ha sufrido por verse cómo se ve.

Lo mejor de Statham hasta ahora.
Lo mejor de Statham hasta ahora.

En cierto modo, el drama de Susan es similar al de Grace y Frankie en la serie homónima de Netflix, el que en una sociedad donde el valor de una mujer continúa midiéndose mayormente en relación a su juventud y atractivo, aquellas que están por fuera de dicha nomenclatura son relegadas a la invisibilidad social. Varias décadas después de la Nikita de Besson, la que postulaba el poder de la seducción femenina como arma en un mundo gobernado por hombres, Spy se ríe de la desgracia de su protagonista, develando el exceso de astucia y autosuficiencia que debe poseer una mujer menos atractiva en un mundo que le resulta tríplemente hostil.

Y el resultado es una comedia que entretiene de principio a fin, que nos recuerda la relación indispensable entre humor y crítica, que no escatima en secuencias de acción. Con una protagonista que está lejos de ser “despistada” (a menudo hace uso de su propio Mind Palace para ganar persecusiones y evadir riesgos mortales, estilo Sherlock), pero a la que sí le cuesta adaptarse a los horrores del trabajo en terreno, y que está disponible en nuestra salas a partir de hoy.