Estreno: La Dama de Oro

Restauración es un concepto ambicioso en el contexto de las compensaciones por los crímenes de guerra, en tanto implica que existe un algo factible de ser devuelto a su condición anterior, como si pudiésemos borrar las cicatrices. Los esfuerzos de María Altmann por rescatar de las soberbias manos del gobierno austríaco las pinturas de Klimt que le fueron arrebatas a su familia en el calor de la guerra, y entre las que se cuentan el famoso retrato de su tia Adele Bloch-Bauer, es el eje central de La Dama de Oro, drama basado en hechos reales que hoy llega a nuestras salas.

Tatiana Maslany como una joven Maria Altmann
Tatiana Maslany como una joven Maria Altmann

Lo que para Maria (interpretada por una certera Helen Mirren, y una emotiva Tatiana Maslany) comienza como una breve investigación sobre la factibilidad de recuperar el retrato de su tía (Antje Traue) y otras obras de Klimt encargadas por su familia, pronto se convierte en una lucha homérica por hacer justicia. Todo gracias al apoyo del abogado Randol Schoenberg (Ryan -Deadpool- Reynolds) y la asistencia del periodista Hubertus Czernin (Daniel Brühl), ambos hombres sensibles al pasado e intentando compensarlo.

Y si bien se trata de una narración tradicional, lo que le juega a favor es que a pesar de tratar un tema tan ampliamente visitado como el de las injusticias y el horror del holocausto, lo hace con la elegancia que su protagonista amerita; sin victimización, ni explotación innecesaria del dolor, sin el drama facilista, conservando la dignidad de sus protagonistas. En cambio, se concentra en la trascendencia histórica que permite el diálogo intergeneracional, misma que le permite a Schoenberg reunirse con el pasado de sus familiares, y a Czernin compensar los crímenes de su país, en una sociedad aún dividida por la historia y las heridas sin cerrar de la guerra.

Maria (Mirren), Schoenberg (Raynolds) y Czernin (Brühl) en la resolución de caso.
Maria (Mirren), Schoenberg (Raynolds) y Czernin (Brühl) en la resolución de caso.

Una película sobre la propiedad de las cosas y sobre lo que éstas simbolizan. Aunque el juicio de Altmann contra Austria tiene una arista sobre la propiedad de los bienes y el feroz mercado del arte, la película se concentra en la reconciliación -algo de lo que nosotros como país sabemos muy poco-, en el espíritu de colaboración entre tres personas con orígenes e historias distintas y dos generaciones que se unen, una generación que sobrevivió gracias al miedo, y una generacion que habiendo nacido del miedo ya no lo tiene, y lucha por restaurar las injusticias del pasado como si de su deber histórico se tratase.