Series Recomendadas: Bloodline, El Nuevo Drama de Netflix

La historia de los Rayburn comienza con la apelación de John (Kyle Chandler) hacia nosotros, suplicando empatía por la nefasta decisión que tomó junto al resto de su familia para resolver los conflictos que Danny (Ben Mendelsohn), su problemático hermano mayor, trajo consigo en su regreso a casa. Petición que anuncia un trágico final, cuyas motivaciones y aristas se nos va revelando de a poco durante los 13 episodios de esta primera temporada.

Sally (Sissy Spacek) y Robert (Sam Shepard) Rayburn.
Sally (Sissy Spacek) y Robert (Sam Shepard) Rayburn.

Bloodline, el nuevo drama de Netflix, cuenta cómo los secretos detrás de esa suerte de autoexilio en el que vivió Danny ,de a poco van desarmando la imagen de familia ejemplar. A primera vista, la incomodidad de John y sus hermanos pareciese deberse a que la llegada de Danny los fuerza a hacer cosas que traicionan la imagen que tienen de sí mismos (después de todo, quién querría ser la clase de hermano que empuja a su propia sangre al ostracismo), pero hacia el final entendemos que “proteger a la familia” más que una máxima moral, siempre fue una excusa para justificar la mezquindad y la cobardía.

Pero no sólo Danny viene a perturbar la paz del idílico oasis en que prospera el negocio familiar, simultáneo a su llegada aparece el cuerpo de una joven presuntamente asesinada, caso del que John se hace cargo y que conforme avanza termina ramificándose hacia una investigación de la vida de su hermano. Paralelismo que se repite a lo largo de toda la temporada, y un recurso que se extiende también al resto de las historias, a través del cuál conocemos la promiscuidad de Meg (Linda Cardellini), al alcoholismo de Kevin (Norbert Leo Butz), la cobardía de Sally (Sissy Spacek) y la autocomplacencia de Robert (Sam Shepard).

Robert intenta "persuadir" a Danny para que deje el hogar (otra vez).
Robert intenta «persuadir» a Danny para que deje el hogar (otra vez).

Y como contrapunto a todo el drama familiar está el paisaje que sirve de escenario tanto para las vacaciones soñadas de todos los huéspedes de Sally y Robert, como para los rencores familiares catalizados por la pérdida de Sarah. Priorizando el silencio y los planos detalles descontextualizantes, la propuesta de la serie descansa en gran parte en su visualidad, y estos dispositivos le permiten transmitir esa fragmentación -temporal y emocional- que tanto separa a los Rayburn. Ésto, sumado a una actuación impecable que muchas veces debe sobreponerse a deficiencias argumentales, forman sus puntos más fuertes.

Sin duda, el último enfrentamiento entre Danny y John es el momento mejor contado de toda la temporada. Un diálogo potente, que nuevamente recurre a la figura del océano como ese lugar que se lo llevó todo pero también como símbolo de purificación, y con un desenlace casi bíblico en el que culmina toda la pesadumbre acumulada. Lamentablemente, el final se siente innecesariamente largo y un tanto forzado o quizá sea sólo que parezca imposible superar el trabajo de Ben Mendelsohn como foco central de esta temporada.

John (Kyle Chandler) devastado.
John (Kyle Chandler) devastado.

De todos modos, Bloodline es una serie intensa, recomendada especialmente para aquellos fans del drama y los conflictos interiores, profundamente humanos. Una serie para ver seguido pero dándose el tiempo de saborear las emociones que despierta, ideal para ponerse al día durante el fin de semana largo, considerando que ya fue confirmada para una segunda temporada.