Estreno: St. Vincent

Aplaudidas -y con justa razón- han sido las interpretaciones de Bill Murray y Melissa McCarthy en St. Vincent, primer largometraje de Theodore Melfi, que recibió dos nominaciones en los pasados Golden Globes: como Mejor Película de Comedia, y Mejor Actor de Comedia para Murray. Y que está disponible en nuestra salas a partir de hoy.

Melissa McCarthy, Jaeden Lieberher, y Naomi Watts
Melissa McCarthy, Jaeden Lieberher, y Naomi Watts

Vincent es un veterano con actitud de pocos amigos y evidentes problemas financieros, presumiblemente ligados a su amor por las carreras de caballos y el alcohol, pero que gracias al pequeño Oliver (Jaeden Lieberher), pronto descubrimos tienen raíces más nobles. Para recibir un ingreso extra se ofrece para cuidar de Oliver un par de horas mientras Maggie (McCarthy), una madre divorciada que lucha por mantener un hogar al tiempo que intenta ganar la custodia completa por sobre su ex, trabaja. Transgrediendo todo manual de buenas costumbres, Vincent lleva a Oliver de incursión al hipódromo, su bar favorito e incluso le presenta a Daka (Naomi Watts), una muy embarazada “dama de la noche”, pero también, al centro médico donde se aloja su esposa enferma, a quién visita todas las semanas.

Y sí, hasta aquí no parece haber nada de comedia, entre un veterano que lucha por darle un tratamiento decente a su esposa enferma, una prostituta inmigrante incapaz de costear siquiera una ecografía, una madre soltera que debe sacrificar la maternidad por el trabajo y un niño recién llegado, luchando por adaptarse a una escuela católica. La comedia está en el ingenio de Vincent, que aunque insultante la mayor parte del tiempo, es portador de una honestidad tan trágica que no nos queda más que sentirla irónica, en el eterno debate entre la risa o la depresión.

Vincent le enseña a Oliver el valor del dinero y la satisfacción del trabajo asalariado.
Vincent le enseña a Oliver el valor del dinero y la satisfacción del trabajo asalariado.

Si bien el guión de Melfi se sostiene en una premisa bastante visitada, la del huraño ex soldado que ve la perspectiva de su vida transformada por la energía de las nuevas generaciones, la película se sostiene en sus interpretaciones. Especialmente la relación de Murray con Lieberher, representando todas las aristas de la amistad a pesar de la diferencia de edad, y que termina con la reivindicación de Vincent cuando tiene la oportunidad de verse a sí mismo a través de los ojos de su joven compañero, sintiéndose un poco mejor consigo mismo (y con el mundo).

Una historia conciliadora y optimista, casi católica, tan divertida como melancólica y que le ofrece a Murray la oportunidad de desplegarse completamente.