Aún desconocida por muchos, este 22 de enero llega a nuestras salas la historia del matemático inglés Alan Turing, quien compartió escenario con pensadores como Wittgenstein, y cuyo trabajo aportó al fin de la II Guerra y al desarrollo de las tecnologías que posteriormente engendraron los dispositivos digitales. A pesar de su tibio paso por los Golden Globes, El Código Enigma (The Imitation Game) acumula un total de 8 nominaciones a los premios Oscar, entre las que destacan: Mejor película; Mejor Director para Morten Tyldum; Mejor Actor para Benedict Cumberbatch; y Mejor Actriz de Reparto para Keira Knightley.

Charles Dance interpreta al comandante Denniston
Charles Dance interpreta al comandante Denniston

Socialmente inepto pero intelectualmente prodigio, el Turing de Graham Moore (basado con relativa distancia, en el libro de Andrew Hodges) se parece bastante a la representación de los grandes genios que hemos visto últimamente en la gran y pequeña pantalla. Más humano que el Sherlock de Moffat pero menos intrépido que el Da Vinci de Goyer, es el optimismo filosófico de Turing el que le permite mantenerse firme en su idea de emular el pensamiento como proceso, en dispositivos mecánicos. Idea y convicción que lo llevan a construir una máquina capaz de descifrar a su contraparte nazi, Enigma, y de pase se estima logró acortar la guerra en varios años.

Sin embargo, el acento de la película está puesto en la alteridad de Turing, en cómo justamente el ser diferente -como no se cansa de repetir el guión de Moore- es lo que le permite encontrar una solución al puzle más complejo e importante del periodo. Y por lo tanto, como el grueso de las biopics, la película recurre al bullying temprano y tardío del que Turing fue víctima a lo largo de su vida para reforzar el mensaje esperanzador para aquellos en situación similar. Un discurso conciliador que por supuesto, funciona bien con el ánimo general de las discusiones actuales sobre equidad y respeto.

Hugh Alexander (Matthew Goode), Peter Hilton (Matthew Beard), John Cairncross (Allen Leech), Joan Clarke (Keira Knightley), Alan Turing (Benedict Cumberbatch) y Jack Good (James Northcote)
Hugh Alexander (Matthew Goode), Peter Hilton (Matthew Beard), John Cairncross (Allen Leech), Joan Clarke (Keira Knightley), Alan Turing (Benedict Cumberbatch) y Jack Good (James Northcote)

A los clichés del guión y la dirección se sobreponen las buenas actuaciones, Cumberbatch logra interpretar con empatía y diferencia a un personaje peligrosamente cercano a Holmes, explotando el lado sensible y a veces austero de Turing. Keira Knightley aprovecha cada segundo en pantalla para transmitir la convicción y fortaleza de Joan Clarke (el drama de una mujer brillante en un tiempo lleno de prohibiciones), y Alex Lawther sobresale con su mesura interpretando el drama del joven Alan. Por lo que resulta más que lamentable que el guión fuerce con diálogos predecibles y recursos trillados, la respuesta emocional del público, opacando la efectividad de una historia potente e interpretaciones sólidas.

Una película cuyo principal mérito es la historia que transmite, pero que cinematográficamente no está a la altura ni del genio de Turing ni de las muchas nominaciones que presume. Y que logra instalar el tema de la discriminación sexual, intelectual y de género, como una carga aún sin resolver en el espacio “evolutivo” de las sociedades actuales.