Especial Óperas Primas Parte II

Porque estamos terminando el año y es tiempo de recuentos y autoevaluaciones, continuamos con nuestro especial de óperas primas. Dedicado a examinar los inicios de nuestros directores favoritos.

5. The Duellists o los Duelistas (1977, dir. Ridley Scott)

Por Camila

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El film que le significó el arribo al proyecto Alien, abriéndole el camino a su exitosa y en víspera del estreno en nuestro país de su última superproducción Exodus. The Duellists, basado en la novela de Joseph Conrad : The Duel, cuenta la historia de dos oficiales del ejército de Napoleón quienes enfrentan su rivalidad en distintos duelos a lo largo de sus vidas hasta la caída del emperador francés.

Una película aclamada por la crítica por su fidelidad histórica, manejo realista y naturalista de la luz y un acabado conocimiento del arte de la esgrima, que complementan un sello de autor que ya se puede apreciar en la composición de los planos, la disposición de los personajes y el manejo de los paisajes para construir una atmósfera de suspenso, los comienzos de esa mirada pictórica que marcó completamente su estilo y carrera.

4. Violent Cop (1989, dir. Takeshi Kitano)

Por Geraldy

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Kitano tomó su primera oportunidad de protagonizar y dirigir una película para dejar atrás el carisma cómico de beat-Kitano, y ser reconocido por su real peso como actor dramático. Violent Cop es tanto una declaración de principios como una exploración sobre la manera de hacer cine. Ya desde el guión, re-escrito por Kitano para convertirlo en drama, se percibe esa futilidad y a veces pesadumbre que caracteriza su cine; pero también, la aparente simpleza de los planos fijos y cerrados, cuidadosamente compuestos, que nos obligan a enfrentar la brutalidad que sufren sus personajes sin amortiguaciones técnicas ni efectismos.

En su primera incursión como realizador, Kitano convierte la sencillez de una premisa común -tipo Taken– en una película incómoda, llena de planos largos que te dejan a solas con tus pensamientos, tiempo en el que te obliga a ser testigo de esa violencia inevitable, casi natural, que tanto abunda en su filmografía.

3. Who’s Afraid of Virginia Woolf? (1966, dir. Mike Nichols)

Por Iván

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Quienes conocen a Mike Nichols (y como yo, lamentaron enormemente su muy reciente partida, a pesar de ya contar con más de ochenta años de edad) saben que perteneció a las ligas mayores. Si no, recapitulemos un poco: un cineasta sequísimo que ganó el Oscar con su segunda película (El Graduado, 1967, clásico absoluto con Dustin Hoffman), conocido por moldear las actuaciones cumbre de varios actores con los que trabajó (Elizabeth Taylor, Richard Burton, Clive Owen, Natalie Portman, entre otros); director regalón de la Emperatriz del Universo, Meryl Streep, y tantos otros superlativos que sólo sirven para subrayar más el peso de su pérdida.

Su primera película, una controversial adaptación de la también polémica obra teatral de Edward Albee, es una de las montañas rusas emocionales más potentes que he experimentado, en cualquier forma de arte. Nichols relata ferozmente la masacre simbólica que ocurre cuando un amargado matrimonio maduro (Taylor y Burton) le abre las puertas de su casa a una joven pareja para compartir una noche de tragos y confesiones dolorosas que te dejan, literalmente, exhausto. Es como el capítulo de las confesiones relámpago de Friends, pero sin un asomo de risa; como Saw en blanco y negro y sin una gota de sangre. Lo que corre acá son ríos de tortura emocional y vejaciones que harían sonrojar al propio Ingmar Bergman. Habiendo dicho eso, es obvio que este supremo debut se encuentra también en mi máxima lista.

2. Following (1998, dir. Christopher Nolan)

Por Geraldy

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La corta pero fructífera carrera de Chris Nolan, actual regalón de Hollywood y sensei de las súper-producciones, comenzó con la modesta Following, una película MUY por debajo de los presupuestos que maneja hoy. Cuenta la historia de un aspirante a escritor que se dedica a seguir extraños en la calle para estudiar sus comportamientos, pero es atrapado en su propio juego por uno de sus acosados (también bautizado Cobb, como el personaje de Leo DiCaprio en Inception) quien termina siendo un ladrón y colega aficionado al estudio “humano”.

Como bien sabemos, a Nolancito le gusta desordenar el puzzle y hacernos juntar las piezas, cuestión que también rigió su debut cinematográfico. Así Following, más cercana a la sencillez ingeniosa de Memento que a la grandilocuencia de Interstellar, es una película intrigante y bien construida. Que transita por todos esos lugares propios del cine más autoral de Nolan, la confusión, la ingenuidad, y lo que ocurre cuando te encuentras de frente con tu propio pasajero oscuro.

1. Being John Malkovich (1999, dir. Spike Jonze)

Por Iván 

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Si bien muchos estamos de acuerdo en que la verdadera estrella de John Malkovich es el esquizofrénico guión de Charlie Kaufman, éste no sería más que una maraña de ideas excéntricas sin rumbo ni sentido si no fuese por la mano del otrora esposo de Sofia Coppola, Spike Jonze. El pequeño Spike (que encabezó la cinta a sus tiernos 29 años), decantó y mesuró las ideas de Kaufman y les confirió vida, transformándolas en la que sigue siendo, por lejos, una de las películas más originales y divertidas en salir de Hollywood en el último cuarto de siglo, y por ello, una de mis absolutas favoritas. Simplemente, no hay nada que se le parezca.

Por eso mismo es tan difícil de definir – es una fábula satírica sobre la invasión de la privacidad y la obsesión con la fama, contada a través de los ojos de un titiritero frustrado que encuentra un portal hacia la cabeza del actor titular, John Malkovich. Entremedio hay transexualidad, un chimpancé traumado que asume brevemente la dirección de la película, Catherine Keener siendo una perra mayúscula mientras es preñada por Cameron Diaz, un cameo de David Fincher (<3) y tantas, pero tantas cosas más. Pero de vuelta al tema de Jonze: si no fuese por su prematura claridad de visión, la cinta probablemente habría sido un absoluto desastre. Para probarlo, está Synecdoche, New York (2008, con el queridísimo Philip Seymour Hoffman): si bien también se encuentra dentro de mis películas favoritas, la ambición desmesurada de Kaufman al dirigir su propio guión exuda a gritos la necesidad de una mano más firme que ayude a decantar las toneladas de ideas que había en la página.