Remakes de Mierda: Halloween


Remakes de Mierda: Halloween

Benjamin y la reproductibilidad técnica de la imagen, Jameson y el pastiche, Baudrillard y el simulacro. Numerosos han sido los esfuerzos por explicar el fenómeno de la copia en las sociedades postmodernas y no obstante, ninguno advierte el horror de vivir en la era del remake, un tiempo que disfraza la precariedad del lenguaje con el maquillaje de los efectos visuales, la tierra prometida de la alta definición.

Michael Myers domador de señoras
Michael Myers domador de señoras

Y en medio aparece Rob Zombie, cual profeta, con la promesa de hacernos experimentar el mismo terror que años atrás su colega y amigo logró transmitir con esa pieza emblemática del slasher.  Mientras los devotos de Carpenter observaban desde la distancia con sospecha, miles de ingenuas mentes jóvenes se lanzaron a la aventura ávidos de nuevas experiencias. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de gore, pues ellos serán saciados. Pero recibieron a cambio un flojo ejercicio antropológico de 91 minutos, pues allí donde antes había oscuridad e incertidumbre ahora había psicología y lucha de clases, y del pequeño burgués blanco que asesinó a su hermana pasamos al atormentado guacho, hijo de bailarina exótica y torturador de ratones.

En el clásico setentero, la bella secuencia inicial opera como metonimia de todo el filme y su protagonista, permitiéndonos (en sólo 4 minutos) conocer y experimentar el crimen del pequeño Mike, guardando hasta el final el secreto de su edad y su rostro, rostro que sólo volveremos a ver durante un par de frames al final de la película. Al negarse a explicarnos las causas u orígenes del comportamiento de Myers, Carpenter lo coloca en un lugar inaprensible, al no responder la pregunta ésta es devuelta inmediatamente al espectador, el boogeyman es aquí el hijo del vecino -o tu propio hijo- que acecha a los jóvenes libertinos recordándonos que tras la promesa de libertad de la revolución sexual de la década pasada, el sexo funciona también como distracción, ocultando el terror que amenaza en silencio.

¿Qué nos ofrece en cambio este remake? Platón diría que pura adulación. Por cada segundo que Carpenter pasó con el terror de las víctimas haciéndonos cómplices del voyerismo de Myers, o mejor, recordándonos la perversión del nuestro (aquí conviene agradecerle al señor Powell por su Peeping Tom), Zombie ilumina con explicaciones de manual, cuidándose de no alejarse demasiado del camino de San Freud, que tanto nos ayudó a entender a los monstruos. La prepotencia de la explicación, el cuidado por no dejar ningún cabo suelto para la especulación del espectador creativo, resulta en la inmediata falta de terror, después de todo, ¿por qué temer si hemos diseñado incontables instituciones para recluirlos y estudiarlos? Hasta te da pena que la desigualdad golpeara tan fuerte en el hogar del pobre Mike.

Y entonces el mayor de los pecados, que es también el mayor de los insultos, creer que se puede esconder la falta de entendimiento y manejo del lenguaje audiovisual con efectos especiales y montaje acelerado. 7 muertes le bastaron a Carpenter para fundar una franquicia que le indujo pesadillas a millones (sin contar que se volvió una de las películas independientes más exitosas de todos los tiempos), Zombie necesito de 20 asesinados, una violación y varios nombres conocidos para convertirse en el emblema del menos es más, pues cuando la choreza triunfa sobre el amor por el oficio ni la resistencia de los caballeros del zodiaco puede rescatar tu película del purgatorio al que van todos esas obras (y sus creadores, ojalá) hechas con soberbia.

Aquí Mike estrenando look tipo Sadako.
Aquí Mike estrenando look tipo Sadako.

Tristemente la pesadilla no termina aquí, al parecer no necesitamos películas de terror en un tiempo en que las que se nos ofrecen son tan malas que nos inducen pensamientos violentos y afanes genocidas, y en un intento por mantenernos en el mundo de las ideas es que surgió esta sección.