#Especial 10 Películas Perturbadoras Parte II

Continuando con nuestro especial de películas que dejan cicatrices, acá las 5 restantes y algunos títulos más como bonus.

5. I Saw The Devil (Dir. Kim Jee-woon, 2010)

Por Geraldy

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También desde la creciente surcorea e igualmente protagonizada por Min-sik Choi llega una película que oscila entre la tensión persecutoria de Se7en y la brutalidad desatada de Ichi the Killer. Narra la empresa de venganza de Soo-hyeon (Byung-hun Lee, en una actuación bella y llena de sutilezas) tras el violento asesinato de su esposa, hasta acá nada muy alejado a la amplia colección de películas de venganza, pero lo que la vuelve digna de nuestro especial es justamente su manejo incorrecto y vil del dolor ineludible.

Tributaria de la ampliamente comentada premisa nietzscheana «cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti», amiga de los silencios conspirativos y de forzarnos a ver el abismo, I Saw The Devil es de esas películas para ver a solas y con audífonos, de preferencia en compañía del peluche de Rilakkuma más cercano.

4. Happiness (Dir. Todd Solondz, 1998)

Por Iván

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Solondz es un tipo que ha construido su carrera en base a hablar sobre los desadaptados, los despreciados, los parias y los que consideramos socialmente peligrosos. Happiness es probablemente su mayor logro hasta la fecha; una cinta que causó tal controversia en su estreno que la revista Premier la incluyó dentro de su lista de las 25 Películas Más Peligrosas. La cinta coral, contada en clave de comedia negra, cuenta con un elenco de lujo, entre ellos el muy extrañado Philip Seymour Hoffman y Lara Flynn Boyle, donde todos los personajes luchan por encontrar su propia felicidad, aunque ésta constituya la desgracia de otros.

Lo que vuelve tan perturbadora a esta cinta (entre sus muchos juegos con el patetismo y la apatía de sus protagonistas) es el personaje encarnado por Dylan Baker; un afable padre de familia de suburbio que reprime peligrosamente un deseo prohibido: es pedófilo. Solondz nos obliga a empatizar con un personaje contra el que solemos disparar todos nuestros dardos morales, quebrándonos hasta el punto de cuestionarnos en carne propia la naturaleza de nuestra propia felicidad. ¿Qué nos hace felices? ¿Qué es la felicidad; puede ésta ser, como tantas otras cosas, un consenso, un constructo social que margina aquellas otras posibilidades que ahora consideramos enfermas? ¿Qué es exactamente lo enfermo? La pregunta en sí, en todo su horror y absoluta vulnerabilidad emocional, está perfectamente plasmada en una de las escenas más conmovedoras que personalmente haya visto: cuando el padre le confiesa sus crímenes a su hijo preadolescente. Es tan horroroso, incómodo, y al mismo tiempo tan emocionalmente crudo y honesto, que el sabor amargo que deja no se quitará jamás, por mucho que intentemos borrarlo de nuestra memoria.

3. Audition (Dir. Takashi Miike, 1999)

Por Geraldy

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Imagínese la más horrenda de las pesadillas que ha tenido jamás, intente recordar exactamente cuánto tiempo tardó en recuperarse una vez despierto, intente recordar aquellas escenas que su cerebro borró por salud mental. Intente imaginar cómo sería revivir aquello mientras está despierto y tendrá una leve aproximación de lo que es el cine de Takashi Miike. Un cine que no sólo te golpea en la cara sino que te somete a todo tipo de vejaciones, un cine políticamente más que incorrecto pero profundamente sincero y humano.

Con Audition, Miike nos restriega en la cara lo que verdaderamente es cargar con un pasajero oscuro, como irónicamente cantaba Shirley Manson a principios del 2000: This life can turn a good girl bad, pero en el caso de Eihi (una implacable Asami Yamazaki) la brutalidad de dicho mal recae sobre esas almas patéticas que insisten en victimizarla. Brillantemente llevado a escena por un director ampliamente reconocido por la sordidez de su imaginario pero pocas por la maestría en su manejo del lenguaje, capaz de condensar en bellos cuadros y cuidadosos gestos la diversa gama de formas que adquiere la violencia inherente a nuestras relaciones interpersonales, un artista elocuente y capaz de condensar en un cuadro el cinismo de nuestras sociedades. Audition es también un escupitajo en el rostro para los espíritus sensibles que se ofenden con las críticas al patriarcado en su perpetuarse a través de la cultura pop.

2.  A Serbian Film ( Dir. Srdjan Spasojevic, 2010)

Por Camila

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Hecha como respuesta a lo que Srdjan reclama como la sutil censura creativa cometida por el Estado a través de la asignación de fondos y en la el cine se da a la “rectitud moral” para cumplir con los estándares extranjeros, esto es, hablar de problemas clásicos e históricos del país : el Serbia de la post guerra, la hambruna o el problema de los refugiados obviando los problemas actuales de la sociedad serbia como la corrupción del estado y el arte.

La película -que parte como una pretenciosa pieza de arte- se transforma en un thriller más que en una película snob. La historia trata de un ex actor famoso de películas porno, quien ya retirado comienza a tener cierta melancolía respecto a su antiguo oficio. Un día le llega una propuesta de uno de los nuevos directores más influyentes del medio, quien le ofrece una gran cantidad de dinero a cambio de que protagonice su nueva película. Ante un periodo de vacas flacas Milos (Srdjan Todorovi) decide aceptar y lo que sigue es la locura: pedofília,  violaciones, asesinatos, incesto, todos los horrores a los que la mente y el cuerpo pueden ser sometidos ocurren bajo un torcido argumento. Escenas de violencia y degeneración extremas acompañadas de una atmósfera oscura hacen que sea una película que requiere de cierta fuerza de voluntad para terminar de ver.
Una cinta que aunque no se lo proponía, termina siendo pretenciosa, pero que logra hacer entender la metáfora de que el cine serbio del momento solo quiere complacer a una industria extranjera obviando los extremos a lo que está dispuesta a llegar para lograr complacer al mercado extranjero.

1. Antichrist (Dir. Lars von Trair, 2009)

Por Geraldy

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Como ocurre usualmente con el cine de Lars von Trair, comienzas con la convicción de llegar hasta el final pero a medio camino te entran las dudas. Sin embargo, probablemente esta vez te ganen. Una película que obligó a esos guardianes de la crítica y el buen gusto en Cannes a agarrarse de las mechas, cuya exhibición en salas provocó numerosos desmayos y gente saliendo de las salas cual éxodo, producto de la vulnerable mente de un deprimido von Trair, Antichrist es la clase de película que los asesores de Eva Green le prohibieron protagonizar.

Si Gone Girl les parece un crudo retrato de las vicisitudes del matrimonio, Antichrist es su versión nivel Dios Super Saiyajin. Cuenta la historia de él (Willem Dafoe) y ella (Charlotte Gainsbourg) mientras intentan superar la muerte de su pequeño hijo Nic, luego del accidente él teme por la salud mental de su esposa y decide tratarla por sí mismo llevándola a una retirada cabaña en el bosque denominada elocuentemente como Edén. Con tanto tiempo a solas comprende que su esposa, mientras realizaba una investigación para su tesis sobre femicidio, absorbió el veneno que durante décadas ha alimentado la misoginia y en el fondo siente que hay algo profundamente malo en la naturaleza femenina. Ella se convierte entonces en la encarnación de todas esas pesadillas sobre vaginas dentadas y hace a su esposo la víctima directa y literal de sus trastornos.

Pero su ambigüedad moral y el oscuro ánimo de von Trair son solo la punto del iceberg de horror que es Antichrist, razón por la que se ubica en la cima de nuestro especial.

Bonus

Y si las lista se les hizo poca, acá algunos otros títulos que caben en nuestro especial: Funny Games (Dir. Michael Haneke, 1997, al igual que su remake de 2007) película icónica de la brutalidad aparentemente sin sentido pero inscrita en la red de relaciones sociales desiguales  Pi (Dir. Darren Aronofsky, 1998), un visionado que desafía tus sentidos, literalmente, disponible en Netflix. Ichi The Killer  (2001) y Visitor Q (2001) ambas del ya mencionado maestro Takashi Miike, imposible de medir con ningún miedómetro. Requiem for a Dream (2000), también de Aronofsky, merece el mención por torturar brutalmente a dos exponentes de la belleza de Hollywood. Y Spider (Dir. David Cronenberg, 2002), una de esas películas que resignifican los temores de infancia.