Estreno: Un Pasado Imborrable

La guerra y sus atrocidades podrán parecerle a algunos tópicos más bien sobreexplotado en el espacio del cine, y ciertamente lo son, cuestión que podemos interpretar ya sea como “escasez creativa” y falta de originalidad o como una insistencia necesaria considerando lo poco que hemos aprendido de nuestros errores y lo rápido que los hemos olvidado. En medio de esta dicotomía se estrena “Un Pasado Imborrable” (The Railway Man), basada en la novela autobiográfica de Eric Lomax quien relata su experiencia como prisionero del ejército japonés en Tailandia durante los últimos años de la segunda guerra.

Hay heridas que no se pueden sanar solas.
Hay heridas que no se pueden sanar solas.

Protagonizada por Colin Firth como un atormentado Lomax, que gracias al apoyo y la presión de su esposa Patti (Nicole Kidman) y su ex compañero del ejército Finlay (Stellar Skarsgard) se arma de valor para enfrentar a su antiguo enemigo y responsable de las brutales torturas que sufrió estoicamente por asumir la culpa y proteger a sus compañeros, enfrentamiento que termina por revelarle que al final la crueldad de la tortura es solo un síntoma de una estructura política y social que permite el horror -y lo invisibiliza- con tal de mantener la hegemonía.

Una película a la que le cuesta arrancar y que tiene ciertas inconsistencia en el manejo del climax pero que no obstante construye una conmovedora reflexión entorno no sólo a los horrores irrepresentables de la guerra y las fracturas que inflige de por vida en sus sobrevivientes sino también, en cómo soldados -y civiles- se ven atrapados en medio de conflictos administrados por poderosos sin rostro que gobiernan para consolidar sus propios intereses, una reflexión sobre el valor de la vida para aquellos que la administran y sobre quiénes son los verdaderos enemigos. Pues luego del encuentro entre Lomax y Nagase, ambos comprenden que no son tan distintos, un ingeniero y un traductor atrapados en la fantasía del deber militar, meros instrumentos para un fin quienes sufrieron -he hicieron sufrir- horribles pesadillas que dejaron cicatrices que jamás serán borradas en la creencia que luchaban por la libertad de sus queridos hogares, los mismos que fueron bombardeados y destruidos en su ausencia.

Takeshi Nagase (Hiroyuki Sanada)
Takeshi Nagase (Hiroyuki Sanada)

Reflexión que cobra especial relevancia en un contexto de extrema violencia y alta actividad bélica como el nuestro, en el que no podemos darnos el lujo de desestimar, por cuestiones estéticas o más bien formales, un relato que nos devuelva a uno de los problemas centrales del quehacer militar. Y es que si bien es cierto la película es indecisa en el tono y tiene problemas de ritmo, en tiempos en que se perdona la falta de coherencia narrativa, la liviandad e incluso el conservadurismo moral solapado de la mayoría de los grandes blockbusters, no me parece justo castigar severamente a una película que tiene el mérito de mostrar lo arbitraria que es la construcción del otro amenazante que le sirve como excusa al soldado que es más maltratado por su propio país que por aquellos que cree son el enemigo. 

En resumen, una película sobre un hombre que encontró la redención al reconciliarse con su verdugo y que decidió quedarse con la tranquilidad de ver que el monstruo no era más que un hombre recibiendo órdenes, tal como él mismo. Una redención merecida y que no obstante parece más bien esquiva al común de aquellos en situación similar, y sobre la que deberíamos reflexionar. Una película imperfecta que podrá molestar a aquellos obnubilados por las bondades del lenguaje audiovisual en su máxima expresión, pero más que merecedora de revisión.