Dexter es -junto a Rurouni Kenshin– una de mis franquicias favoritas de todos los tiempos, en parte por su contenido y en parte por todos los años en que me hizo compañía. Con todo y su inconsistencia, pues para ser honestos la serie no debió extenderse más allá de la sexta temporada y tener un final más fiel a los personajes que construyeron por tantos años, la interioridad de su protagonista ta ciertos puntos sensibles sobre cuestiones más globales.  Para aquellos no familiarizados con ella, basada en la novela de Jeff Lindsay “Darkly Dreaming Dexter”, la serie cuenta la historia de Dexter Morgan (Michael C. Hall), aplicado forense analista de patrones de sangre a cargo de Miami Metro de día e igualmente efectivo asesino en serie de noche.

Ah y padre de familia también.
Ah y padre de familia también.

No obstante una historia narrada y protagonizada por un criminal de este tipo no es ninguna novedad (con el peso de compartir similitudes con The Clockwork Orange y American Psycho), Dexter tiene el valor de poner en tensión la verosimilitud de la línea que hemos dibujado para separar monstruos de humanos . Darkly dreaming Dexter desconoce su origen, es criado y “domesticado” por Harry Morgan (James Remar), su padre adoptivo y policía, quien le entrega un código para regir su comportamiento “aberrante” y mantenerse a salvo del juicio público desviando sus impulsos para deshacerse de los peores parias de la sociedad, convirtiéndolo en el anónimo Dark Defender. Así, gracias al código de Harry cuya primera regla es no dejarse atrapar, Dexter no sólo desarrolla sino que sistematiza su hambre canalizándola hacia sus colegas, a aquel universo variopinto de monstruos que escapan al sistema judicial por una serie de tecnicismos pero sin los cuales el mundo es un mejor mundo (tristemente Harry se limitó a asesinos de poca monta, dejando de lado esa vasta raza de escoria capaces de destruir nuestra dignidad con tal de hacer crecer sus fortunas e influencias).

“Quizás el hombre que elige el mal es en cierto modo mejor que aquel a quien se le impone el bien”

Anthony Burgess

“La Naranja Mecánica”

En la adaptación desde la novela a la serie, Dexter pierde bastante de su brutalidad, el Dex Morgan de la pantalla chica es bastante más metódico y clínico en sus asesinatos que en las páginas del libro pero también, bastante más complejo y rico en contradictorias emociones. Porque se presenta ante nosotros como un psicópata de manual con la singularidad de estar bastante mejor adaptado que otros y ser de bastante utilidad en la noble misión de mantener el orden y traer justicia (al menos, la justicia como la pensó Aristóteles) pero pronto descubrimos que el factor contextual tuvo bastante más que ver. Y así, la primera temporada marca el primer hito en la cadena de complejidades que es Dexter Morgan, su tránsito entre psicópata y sociópata, de asesino a sangre fría a niño traumatizado, y como bien sabemos, la psicología moderna ha arraigado fuertemente en nuestras sociedades la necesidad y el deseo de “curar” los traumas (oh, el antropocentrismo y el milagro de la medicina moderna).

El encuentro de Dexter con el Ice-Truck Killer es de cierta forma su iniciación en esto de recobrar la humanidad perdida, aún cuando el propio Dexter no esté 100% claro al respecto. Pero también es su coqueteo con la posibilidad de liberar a su pasajero oscuro de las garras del código de Harry y dejarlo salir a jugar con Biney, su hermano perdido. De aquí en adelante cada temporada será una lucha por conciliar a su pasajero oscuro con su propia humanidad, un camino por rescatar a la madre que perdió siendo un niño y recuperar al padre que le fue arrebatado poco antes de comenzar su vida adulta, es decir, la búsqueda por redimirse a sí mismo al encontrar alguien que sea capaz de amarlo tal cuál es. Y aún cuando a lo largo de la serie varios son los personajes que prometen traer consigo la anhelada redención, Biney, Lila, Miguel, Lumen y Hannah la respuesta está más cerca de lo previsto.

Reunión familiar.
Reunión familiar.

En su constante “interacción humana” y efectivo camuflaje, Dexter se va encontrando con sus propias emociones, descubriendo que es más humano de lo que creía, de lo que le enseñaron a creer. Porque trabajar en Miami Metro no sólo lo pone en relación con sus colegas sino también con sus víctimas, y vemos como hay colegas suyos cuya obra le parece aberrante aún al pasajero oscuro: “Despite having considered myself a monster for as long as I can remember, it still comes as a shock when I’m confronted with the depth of evil that exists in this world”, declara al ser testigo de la obra de Jordan Chase y compañía en su sexta temporada.

Dexter Morgan, trabajador esforzado y pagador de impuestos, asesino con principios avalado por la exactitud omnipotente del método, un nuevo paradigma. Pero como bien declaró el Sr. Katsura en los ovas de Samurai X “toda espada necesita una vaina” y cada vez que nuestro dearly devoted Dexter se aleja demasiado de aquellos que creemos es nuestra humanidad (aunque en realidad nos referimos a nuestra empatía como freno de la aniquilación mutua) es traído de vuelta por Debra (Jennifer Carpenter), su molesta y malhablada hermana menor. Deb es uno de mis personajes favoritos , una mujer que no obstante carga con lo que popularmente se conoce como “problemas con el padre” al pie de la letra, termina siendo más fuerte que Harry y más fuerte que el propio Dexter, a pesar de su autodestructiva personalidad y su falta de autoestima, cuando llega el momento es capaz de traicionar todo lo que es y en todo lo que cree para salvar a su hermano y sobrevive una trasformación total. “I don’t have feeling about anything, but if I could have feelings at all, I’d have them for Deb”declara Dexter al comienzo de la serie, y la lección que más le cuesta entender es que siempre tuvo sentimientos por su hermana y que desde el principio decidió sacrificar una vida feliz junto a su hermano por la seguridad de su hermana menor.

El momento en que Deb descubre la verdad sobre su hermano.
El momento en que Deb descubre la verdad sobre su hermano.

Pero probablemente los personajes más interesantes sean aquellos menos presentes pero cuya obra se respira a lo largo y ancho de toda la franquicia. En primer lugar están Harry y su código, pero igualmente relevante resulta la existencia de la Dra Vogel y su ocurrencia de “emplear” las urgencias de un niño traumatizado para el provecho de la sociedad. Dexter, que creyó toda su vida estar sirviendo sus propios intereses -con la guía incondicional del código para asegurar su sobrevivencia- lo que casualmente resultaba en un bien para la sociedad, se percata que en realidad siempre estuvo sirviendo la voluntad de Vogel y su propia concepción de la justicia y el lugar que personas con las inquietudes de Dex podrían ocupar en una sociedad menos imperfecta.

“Convertir a un joven decente en un mecanismo de relojería no es ciertamente un triunfo para ningún gobierno, excepto si se siente orgulloso de su propia capacidad de represión”  continúa Burgess en su “La Naranja Mecánica”

Porque la obra de Vogel es justamente ser capaz de domesticar a Dexter, de convertir el pasajero oscuro contra el que él tant luchó en la herramienta perfecta contribuir a la perpetuidad de las jerarquías y el orden, así, en la novela Dexter lucha contra el Dr. Danco, quien comenzó como un fiel servidor del ejército de los EEUU cuya obra en El Salvador fue apreciada mientras sirviera a ese mito que llaman “Libertad y Democracia”, pero que regresa a casa para aterrar de vuelta a aquellos que lo traicionaron una vez que las cosas se salieron de control.

La prepotencia de quien cree poder "medir" y "administrar" los misterios de la mente humana.
La prepotencia de quien cree poder “medir” y “administrar” los misterios de la mente humana.

Por otro lado, las virtudes de Harry y su aparente emancipación del código moral cristiano que nos oprime se debilitan luego de un análisis un poco más severo. Pues, aún el código surge con la intención de asegurar la sobrevivencia de Dexter, lejos de destruir la simplicidad del modelo Bueno/Malo y lograr -como aspiraba el viejo Nietzsche- una transvaloración de todos los valores, simplemente desplaza la frontera un poco más lejos del margen de la ley pero sometiéndolo a una utilidad: limpiar las calles de la basura que el sistema no puede controlar. Al final, Dexter no es sino un depredador al servicio de la comunidad, un fiel servidor el orden público: duerman tranquilos niños inocentes. Así, el hambre egoísta de Dexter es menos horrorosa cuando es dotada de sentido y le resulta útil a la comunidad, bienaventurados los asesinos serviciales, cosa que queda clara con la reacción de sus colegas al descubrir la obra del Bay Harbor Butcher, o la pareja de vigilantes que echó abajo el imperio de Jordan Chase. Harry. De modo que, en un despliegue de inteligencia institucional poco visto Harry hace lo impensable: sacar utilidades de la más terrible de las desviaciones, pero por supuesto, una vez que ve en vivo y en directo el trabajo de su querido y obediente hijo, no es capaz de resistirlo.

Las constantes crisis de sentido por las que atraviese Dexter nos hablan no sólo de él sino también de su contexto y la sociedad que lo concibe. “I feel like a jigsaw puzzle missing a piece. And I’m not even sure what the picture should be.” ; así también, cuando por fin descubrimos la existencia de la Dra Vogel (la pieza que faltaba en el rompecabezas que es dearly dreaming Dexter) lo entendemos mejor. Pero lo interesante es que el encuentro real, particularmente la relación de Dexter con su hermana, desbaratan toda la teoría de Vogel, aquella que sostiene que los sociópatas no son capaces de desarrollar empatía ni sentimientos no narcisistas, es decir, que no son capaces de actos de amor desisteresados. La confusión existencial de Dexter es un correlato de una sociedad que no alcanza a pensar las complejidades de nuestro comportamiento e intenta reducirlo a toda costa a nociones simplistas y parcializadas, típico de un conocimiento más preocupado de las aplicaciones de sus teorías que de la consistencia de las mismas.

Siempre se trató de los dos.
Siempre se trató de los dos.

Y estas son algunas de las tensiones que se desarrollan a través de las aventuras de Dexter Morgan, siendo el encuentro final entre Dexter y su “creadora” el último eslabón en esta dialéctica entre las diferencias entre nosotros y los otros, los sociópatas, los monstruos y los ciudadanos de bien, solo para concluir que la frontera es bastante menos clara de lo que necesitamos creer. Aún cuando el final decepcionó en más de un nivel, al menos nos entregó la resolución de Vogel y la satisfacción que Dexter y Deb encontraron el camino de vuelta el uno hacia el otro.