Estrenos: Oldboy, Días de Venganza

Este jueves se estrena el Oldboy: Días de Venganza de Spike Lee, un remake que toma esa oscura y desgarradora violencia de la magistral película de Chan-wook Park convirtiéndola en una elocuente muestra de la eficiencia del conductivismo y el peligro de los traumas infantiles adornado con ocasionales enfrentamientos sanguinarios. Una película que puede resultar perturbadora a los ojos de los bienaventurados que no se han cruzado con la original surcoreana, pero ingenua y sobreexplicada para los feligreses de la trilogía de la venganza.

El encierro dura 20 años.
El encierro dura 20 años.

El argumento se mantiene más o menos intacto, Joe Doucett (Josh Brolin) es un prepotente e irresponsable padre que es secuestrado y encerrado en una extraña prisión por 20 años, durante los cuales es inculpado por el asesinato de su esposa por lo que, luego que es milagrosamente puesto en libertad sin mayor explicación, ha perdido todo contacto con su hija. Con la ayuda de su ex compañero de curso y una benévola trabajadora social inicia su cruzada por encontrar a quién lo encerró y vengarse por todos los años que le fueron arrebatados.

Recreando, en la medida de lo posible, los hitos más icónicos de la original de 2003 tales como la brillante secuencia de Doucett enfrentando a una pandilla de sus ex captores con nada más que un martillo en las manos, la película respeta y construye correctamente las escenas de acción probando ser una pieza sólidamente ejecutada y bastante cruda para aquellos ajenos al género que incluso mantiene el suspenso. Sin embargo, son las modificaciones argumentales -particularmente aquellas ligadas con el backstory de los protagonistas- las que muestran las grietas de una película que quiere permanecer a toda costa en su zona de confort, compensando lo perturbadoramente trágico de la adaptación de Park con reducciones psicologistas y peleas bien coreografiadas.

Una secuencia bastante bien manejada
Una secuencia bastante bien manejada

Y si bien los remakes y las adaptaciones pueden ser desafíos aún más grandes que el crear una obra “original”, vastos son los ejemplos de éxito en que las producciones derivadas logran enriquecer a la original e incluso, acercar al público más joven. Sin ir más lejos, la propia OldBoy de Park es una exitosa reinterpretación del manga de 1996, pero como les comentaba, no se puede decir lo mismo de la versión de Lee y Protosevich (quien también es responsable de The Cell, una de las joyas que adorna nuestra sección películas de mierda) que recurre al siempre seguro recurso de caricaturizar al villano de modo que su “maldad” pueda ser perfectamente explicada por psicología y podamos todos descansar frente a la idea que el mal es causado por la locura e incluso sentirnos bien con nosotros mismos por todos aquellos que han sido redimidos por la infinita bondad de la ciencia.

Samuel L. Jackson es sin duda lo mejor de la película.
Samuel L. Jackson es sin duda lo mejor de la película.

Por tanto, la inconformidad que genera en los fans va más allá del simple hecho de no recrear algunas de tantas escenas fetichizadas de la original sino más bien, el que vacía el relato original de su verdadero peligro: la cercanía que podíamos sentir con el dolor -y con el amor- de Woo-jin Lee y al mismo tiempo la capacidad de empatizar con la resolución edípica de Dae-su, quien también opta por la automutilación como respuesta ante la horrorosa realidad. Y en cambio, tenemos una película que puede resultar demasiado violenta para el estándar y con un giro que podrá horrorizar momentáneamente a los más sensibles pero que no provoca ningún efecto o fractura interna más allá, al contrario de su predecesora, cuya mayor virtud es el daño permanente que es capaz de producirnos porque, si nos ponemos rigurosos, las obras que valen son siempre aquellas que nos dejan cicatrices.