Estreno: El Planeta de los Simios, Confrontación

Hoy llega a nuestros cines El Planeta de los Simios: Confrontación, la segunda parte del reboot iniciado en 2011, pero para hablar de él primero hay que aclarar ciertos puntos. Los últimos años han estado sobrepoblados de mega producciones tratando de emular la cruda autoconciencia de clásicos de los 70’s y 80’s pero que solo terminan reciclando temas como el instrumentalismo, la tecnocracia, los totalitarismos y la aniquilación del hombre por el hombre utilizándolos para ornamentar un mero ejercicio hedonista soportado en la espectacularidad de los FX’s de turno. Y si bien en la industria cinematográfica hay espacio suficiente para más de una película de este tipo (porque todos tenemos derecho a disfrutar de puro y no justificado fanservice de vez en cuando), lo preocupante es cuando se toman demasiado en serio a sí mismas intentando convencer a generaciones que el romance adolescente y la falta de democracia son las principales virtudes de la ciencia ficción.

César ha crecido como líder.
César ha crecido como líder y Serkis entrega todo.

Pero no todos esos obscenos presupuestos han sido malgastados en películas -ocasionalmente, incluso franquicias- con el poder de disminuir nuestro CI, porque continúan apareciendo estrenos como éste. Desde la llegada de Rise of the Planet of the Apes en 2011, reboot de una franquicia que desde su origen en la novela de Pierre Boulle expelía su vocación por las metáforas políticas, vino a combatir la hegemonía de la serie de blockbusters autocomplacientes que nos oprime y hasta ahora se mantiene firme en su causa.

Tal como su predecesora, la película pone al servicio de sus personajes y sus conflictos toda las maravillas de la técnica invitándolos a adherir a uno de los grupos que están inevitablemente confrontados. Y es que mientras César, Kora, Maurice y el resto de los rebeldes emancipados han logrado construir un nuevo hogar en los alrededores de San Francisco y en el caso de su líder, incluso iniciar una familia, la humanidad enfrenta su propia extensión luego del esparcimiento del virus que 10 años atrás se filtrara desde Gen-Sys. En medio de la noble lucha por la sobrevivencia, y aún habitando en el paradigma que llevó a la humanidad a desarrollar el virus que casi los extingue, un grupo se interna en el territorio de los simios para poner a funcionar la represa que le devolverá la electricidad a una ciudad en ruinas.

La confianza también es aquí un gran tema.
La confianza también es aquí un gran tema.

Luego de un violento altercado que involucra al hijo mayor de César, “Blue Eyes”, pero evidentemente iniciado por los humanos, ambos grupos adquieren conciencia de la existencia del otro y la diplomacia debe hacer su entrada en orden de evitar un conflicto mayor. Por supuesto que los maltratados humanos no contaban con la inteligencia y capacidad lingüística de sus hermanos simios y pronto ambos grupos se subdividen en dos facciones: aquellos que quieren la guerra (humanos liderados por Gary Oldman y por otro lado, Koba llevando a cabo su propia agenda) y aquellos que buscan la reconciliación y coexistencia pacífica, o sea César y su nuevo colaborador humano, Malcolm. Pero el armamentismo y el rencor prueban ser fuerzas más poderosas que las relaciones internacionales y lidiando con el eventual estallido de una nueva guerra, ambas especies se dan cuenta de lo mucho que tienen en común; porque ambas son igualmente defectuosas y autodestructivas.

Esta Dawn of Planet of the Apes, es una reflexión sobre -como bien planteó la filosofía siglos atrás- la centralidad de la guerra como principio regidor de nuestras vidas, de cómo a pesar de los incontables horrores de la misma volvemos a provocarlas una y otra vez. Una película sobre padres e hijos y sobre el mundo que queremos heredarles, una película emotiva y bien contada, que sigue la estructura dramática obligada entre las de su tipo pero que aún así nos ofrece comentarios sobre los valores que creemos nos definen y lo sencillo que es caer en el odio a la diferencia. Sin embargo, es justamente por sus virtudes, por ser una franquicia que piensa el problema del temor al otro en una hipérbole del racismo que no podemos perdonarle que carezca de personajes femeninos emancipados de los roles que nos han sido históricamente impuestos, porque aún cuando ambas entregas se centran en el conflicto paternal, no podemos dejar de lamentar que en su intento por narrar un futuro en que el antropocentrismo nos ha llevado finalmente a la autoaniquilación, ni siquiera el apocalipsis libere a las mujeres de ser solo madres y enfermeras.