MiniReview: Godzilla 2014


MiniReview: Godzilla 2014

Mucho era el hype por el regreso de Godzilla después del desastre del ’98 (ese que todos quisiéramos olvidar), y aunque es ésta una entrega que padece menos de los males de su predecesora -mucho de lo cual se debe al intento por revivir hitos claves en el imaginario del Gojira clásico- no logra transmitir un terror genuino al hacer descansar su premisa en un principio ya más que explotado: la ingobernabilidad de las fuerzas naturales obviando, convenientemente, el comentario severo hacia la irresponsabilidad de los involucrados en el uso de la energía atómica.

El final del único personaje que no se conforma con lo que le dicen muestra la moraleja de la película.
El final del único personaje que no se conforma con lo que le dicen muestra la moraleja de la película.

Con gobiernos sin palabra ni rostro, son los científicos penitentes (porque de los arrepentidos es el reino de los cielos) y los heroicos militares quienes deben arreglárselas para lidiar con una catástrofe frente a la cual no les queda sino resignarse y confiarle el resto al benévolo Godzilla, no sin antes insistir tercamente en transportar bombas que ponen en peligro a miles de civiles que sucumben frente al ataque de los malvados MUTOS, parásitos come energía atómica que luchan por procrear su especie. Pero no es sólo Godzilla quien persigue a dichos parásitos desde Japón hasta San Francisco sino también Ford Brody, nuestro héroe, quien después de enterarse que el secretismo institucional es el culpable de la muerte de sus más cercanos prefiere continuar arriesgando su vida como el militar que es antes que rescatar al resto de su familia que se encuentra en medio del desastre, en una muestra del mismo “espíritu emancipado” que lleva al doctor Serizawa a violentar simbólicamente al admirante Stenz mostrándole un reloj de bolsillo detenido en la misma fecha y hora que el impacto de la bomba en Hiroshima, perteneciente a  su padre, todo para persuadirlo de dejar a Godzilla restablecer el equilibrio y la paz.

O sea, una película que a pesar de recrear batallas épicas con algunos de los superataques de Godzilla que tanto esperaban los fans y de darse el lujo de tener a Cranston-san hablando japonés lo empaña con un discurso simplista y evasivo con cero comentario social, es decir, que carece del valor primordial del original: la valentía de tratar un tema tabú. Al final, otra muestra -como Divergente– de nuestra irrelevancia epocal por nuestra nula capacidad para reflexionar sobre nuestros propios contextos.