Especial: X-Men First Class

Debo comenzar diciendo que si hay algo a lo que no me puedo resistir es a los personajes profundamente conflictuados consigo mismos, atormentados por su pasado y con una vida cruzada por la tragedia. Razón por la cual no puedo separar esta debilidad de mis impresiones sobre X-Men: First Class, una película que explora -algunos dirán que incluso obscenamente- los orígenes de Magneto y los nobles intentos de Charles Xavier para redimir a su dañado amigo.

Erik Lesherr
Erik Lesherr cazador de nazis

Retomando la escena inicial de X-Men (2000), nos muestra como fue que el pequeño Erik Lensherr conoce a Sebastian Shaw y se vuelve uno de sus conejillos de indias explicando el por qué un niño (mutante) marcado por la guerra y la ideología de la superioridad racial termina dedicando su vida a querer suplantar una raza por otra. Cuyo camino se cruza con el de Charles Xavier, un recién titulado profesor con una también muy solitaria infancia (aunque mientras Erik estaba solo prisionero en alguna fría institución, Charles lo estaba en la comodidad de su mansión) decidido a conocer y ayudar a otros como él  y  mostrarles que la mutación no sólo no es algo de lo que haya que avergonzarse sino que es la responsable de la evolución de toda la vida en el planeta.

Y tras enterarse que Shaw ha estado interviniendo en la política internacional forzando la crisis de los misiles en Cuba para provocar un enfrentamiendo nuclear entre EEUU y la URSS, Erik y Charles se encuentran peleando a un enemigo común y forman una alianza temporal gracias a la cual desarrollan una profunda amistad la que, como todos sabemos, no dura demasiado. Pues, mientras Xavier es partidario de la inserción de los mutantes en el mundo regido por humanos mostrándoles que tan útiles y necesarios son, Erik sabe -por experiencia- que la respuesta humana frente a las amenazas en siempre violencia y destrucción.

Por supuesto que no por sus constantes alusiones a la 2da Guerra Mundial y a la Guerra Fría y lo doloroso de la separación de Magneto y el profesor luego de todo lo que han pasado juntos, deja de ser una película de acción con sus secuencias capitulares, su soundtrack estranbótico y sus personajes puramente funcionales. Pero tiene la virtud de tomar dos de los temas que caracterizan a la franquicia (al menos en lo que a sus adaptaciones cinematográficas refiere): los conflictos externos en que los mutantes se encuentran a merced de los líderes políticos y sus intereses, y los conflictos identitarios propios del tener que aceptarse diferentes en medio de una sociedad que no hace sino condenar y ridiculizar dichas diferencias, y que en el caso de esta First Class, están representado por Mystisque y Beast.

Sebastian Shaw (Kevin Bacon) y Emma Frost (January Jones)
Sebastian Shaw (Kevin Bacon) y Emma Frost (January Jones)

Finalmente, y a pesar de los clichés y de las “inconsistencias” con el comic que algunos critican, la película cuestiona y evidencia aquello que muchas de sus colegas más recientes se esfuerzan por ocultar: la abyecta moral del soldado que se subordina a una cadena de mando sustentada en la obediencia ciega. Misma obediencia tan cuestionada en películas ochenteras, y cuya vileza queda al descubierto con la sentencia final de Magneto: “I’ve been at the mercy of men just following orders. Never again.”  (He estado a merced de hombres que sólo seguían órdenes. Nunca más).

Recuerden son los últimos días para participar en nuestro concurso antes del estreno de X-Men: Days Of Future Past, los detalles acá.

 

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