Review Divergente


Review Divergente

Confieso que soy de las que se sintió ofendida con esa caricatura de la revolución que nos trajo The Dark Knight Rises pero justo cuando comenzaba a dejar atrás el mal rato aparece Divergente, una de esas películas que aumentan aún más los límites de la mezquindad expresiva. Amplias son las distancias entre aquellos autores que hablan temas “complejos” por choreza estética, intelectual o ambición económica de aquellos que lo hacen porque las padecen y esta película es un claro ejemplo de ello.Beatrice "Tris" Prior (Shailene Woodley)

Beatrice “Tris” Prior (Shailene Woodley)

Una película que traiciona el mismísimo valor que intenta reivindicar, ser divergente significa “pensar como nadie más lo hace” o sea, ser capaz de cuestionarlo todo; recordemos que es su capacidad para reconocer que está dentro de una alucinación lo que le permite a Tris sortear la segunda parte de su entrenamiento con tanta facilidad, y al mismo tiempo es lo que delata su condición de divergente. Pero la película, lejos de honrar el espíritu divergente e invitarnos a hacer preguntas lo que hace es aleccionarnos con una historia que reivindica la abnegación y la estructura familiar por sobre todas las cosas, si me preguntan, bien podríamos reemplazar el clásico Jesús de Nazareth por Divergente en las próximas maratones de semana santa y nada le ocurriría a la doctrina cristiana.

Para que nos entendamos, la premisa es que en un Chicago azotado por la guerra el único método exitosos para mantener la paz fue dividir a su población (que se encuentra resguardada por un gran muro, Shingeki Style) en 5 facciones derivadas de un rasgo determinante de nuestras personalidades, cada una con un rol específico y aquellos que no entran en este estrecho esquema son tachados de divergentes, perseguidos y ajusticiados por la policía. Entonces, a los 16 años haces la prueba que aptitud (imagen una versión gore de la prueba para conocer la identidad del avatar) que determina si perteneces a una de las facciones:

Erudición: o “Sabiduría” que obviamente ha sido reducida al conocimiento derivado de la siempre segura lógica formal.

Cordordia: Los que odian las guerras, se dedican a cultivar la pachamama en ropas que nos recuerdan a los nómadas aire.

– Sinceridad: Los que dicen la verdad sin filtros, presas de esa vieja superstición llamada “objetividad de los hechos” y por supuesto, los encargados de regir el sistema judicial.El parkour es parte vital del espíritu de los valientes

El parkour es parte vital del espíritu de los valientes

– Abnegación: La facción en la que crece nuestra protagonista, gente de pelo largo y sin maquillaje que le dan de comer a los pobres y ponen la otra mejilla.

– Intrepidez: Los valientes, diestros en parkour y que por ende, resultan el mejor material para la policía y a donde va a para Tris, creyendo que la falta de temor es sinónimo de libertad.

– Los sin facción: Bestias sin lenguaje, desterrados de sus facciones por no estar a su altura, caídos a la necesidad (o mejor dicho, forzados a ella) vagan por la ciudad pero que, esclavos de su condición, no representan mayor peligro sino por el contrario, sirven para recordarle al resto el horror de habitar en la indeterminación.

Durante su estadía en Intrepidez, la bienaventurada Beatrice se conecta emocionalmente  -gracias al sagrado vínculo de  la inception- y colabora con el devoto Tobias (alias Four, quien desea más que nada la simbiosis entre las cuatro naciones cinco facciones) en la lucha contra el potencial genocidio de su pueblo (los abnegados) por manos de los ambiciosos eruditos, regresando al nido del que renegó en el pasado y uniendo fuerza con su familia para resistir contra la prepotencia de los ilustrados. Eso o en medio de una crisis vocacional adolescente sucumbe a una crisis de identidad mayor que pone a prueba sus virginales ideales porque a pesar de resistirse a ser etiquetada peor aún es vivir como los no-clasificados.A veces los oblicuos no son suficientes

A veces los oblicuos no son suficientes

Y bueno, se acuerdan cuando les decía como WarGames es una maravillosa representación de su tiempo, pues si Divergente es una manifestación del nuestro ojalá que nos acabemos pronto. Durante décadas la ciencia ficción y las distopías futuristas nos han obsequiado profundas reflexiones sobre nuestro presente y otras tantas sobre nuestros procesos históricos, metáforas del capitalismo como el Soylent Green o las hipérboles sobre la sociedad de la vigilancia en 1984 son lecturas que nos devuelven al siempre problemático campo del orden político y económico al que nos sometemos -la mayoría de las veces- con demasiada facilidad. Y si bien nadie esperaba que Divergente hiciera lo que Farenhait 451,  si vas a construir un universo social marcado por un régimen totalitario y cuya salvación está en mano de los divergentes tu obra debería, al menos, invitarnos a interrogar antes que engolosinarnos con romance idealizado y valores familiares.

Y si lo que quieres es eso, reivindicar el amor puro y la abnegación familiar entonces sé honesto contigo mismo y con el público antes de levantar promesas sobre cuestionamientos y reflexiones que no podrás cumplir. Porque como bien sentenció Wittgenstein al final de su Tractatus: “De lo que no se sabe es mejor no hablar”.