Películas de Mierda: The Room

The Room es de esas películas que siguen la muy escasa pero venerable tradición de cintas que, por razones atribuibles sólo a extraordinarias series de coincidencias y convergencias, terminan jodiendo todas las áreas en que se puede materialmente joder una película. Escrita, dirigida, producida y protagonizada por el peculiar, bizarro y pelilargo Tommy Wiseau, The Room se las arregla para hacer que hasta lo que fue el área dramática de Megavisión (que en paz descanse) tuviese, en comparación, los méritos artísticos de una producción de Orson Welles.

The Room
The Room

Difícilmente existe algo que se pueda denominar trama; se dilucidan momentos en que los personajes muestran algo de coherencia (algo), entre cuerpos que aparecen gratuitamente desnudos al son de música porno softcore, personajes que entran y salen de escena sin propósito, o peor aún, propósitos perturbadores (como Danny, el adolescente al que le gusta mirar a la pareja de protagonistas en la intimidad). Pero seamos justos: es básicamente la historia del declive de la relación entre Johnny (Tommy Wiseau), descrito por todos los personajes como un buen hombre y un gran partido, y su prometida Lisa (Juliette Danielle), quien –comprensiblemente, si me lo preguntan- se muestra hastiada de la inerte comodidad que vive con Johnny, y decide entrar en un affair con el mejor amigo de éste.

Entremedio hay deliciosos momentos de diálogos inverosímiles, doblajes que no calzan en la sincronización ni en los cánones tradicionales de lo que significa una ‘actuación’, saltos de continuidad y lógica apabullantes, escenas de sexo de una toxicidad retinal nivel Fukushima, y en general, todos y cada uno de los ingredientes que conforman una obra maestra del mal gusto, ideal para disfrutar un sábado en la noche en compañía de esas malas amistades y el estupefaciente de turno.